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Venezuela: entre el Covid19 y el virus eterno

Mafer González - Lilian Rosales

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En Venezuela ha habido un virus que lleva más tiempo atacando al país que el propio Covid19 y ha demostrado ser -de momento – más mortal que el recién descubierto coronavirus que para la fecha, en su calidad de pandemia, se llevado la vida de cientos de miles de personas alrededor del mundo. Eso es lo que insisten en expresar a través de las redes dirigentes políticos y sociales del país, artistas y ciudadanos comunes, quienes, a pesar de emplear la referencia para rechazar a Nicolás Maduro, muestran su enorme inquietud por el avance del coronavirus en suelo nacional.

La preocupación es más que legitima tomando en cuenta que los informes de los distintos organismos internacionales, y de más de 140 países del mundo, han ratificado la crisis humanitaria agravada que afecta a la población, y que se cierne fundamentalmente en su sistema de salud y en el abastecimiento de alimentos generando una severa crisis de desnutrición generalizada, y cientos de muertes en centros hospitalarios carentes de todo insumo, de medicinas y de equipos.

En este escenario de precariedad, la llegada del Covid19 será el desembarco de un nuevo agente letal que se sumará inevitablemente a la tragedia ya instaurada y de difícil retorno en el país.

Dos hechos recientes definen el camino que ha tomado, otra vez, Nicolás Maduro y su Gobierno: el de la represión, la que esparce hasta el momento a mayor velocidad y con más letalidad que la de propio coronavirus.

Una partida de dominó en la emblemática y hasta hace nada chavista parroquia 23 de enero en Caracas, terminó en un ajusticiamiento de los jugadores por parte de colectivos de la zona. Versiones de vecinos del lugar indicaron a El Fisgón Magazine que los seguidores de Maduro y miembros del colectivo de mayor data en el lugar, los Tupac Amaru, se acercaron hasta donde se encontraban los jugadores para advertirles que debían permanecer en sus domicilios. Estos refutaron y la respuesta inmediata fue un disparo a cada uno que terminó con sus vidas.

La orden viene de arriba, siempre la orden viene de arriba. Cada vez que Maduro en su alocución ordena a sus seguidores “velar por el cumplimiento de una orden”, colectivos y fuerzas de seguridad del Estado recurren a la violencia, al uso de la fuerza para imponer las reglas que acaban siendo incumplidas ya que la mayoría de éstas carece de sentido.

El otro hecho ocurrió la noche del domingo en el domicilio del periodista Darvinson Rojas. Allí llegaron funcionarios de las FAES, un grupo élite de la Policía Nacional Bolivariana creado por Maduro para amedrentar a todo el que por razones políticas o sociales alce su voz contra el Gobierno. Cargaron con el periodista y con sus padres que le acompañaban al momento del allanamiento, llevando consigo algunos equipos que emplea para su quehacer diario.  A Rojas lo presentaron ante Tribunales este 24 de marzo, sus padres fueron liberados luego de ser agredidos física y psicológicamente.

Los padres de Rojas contaron que el argumento esgrimido para tal detención era que “estaba hablando mucha guevonada” sobre el coronavirus o lo que es lo mismo, estaba informando acerca de detalles que el propio Gobierno no ha querido contar sobre una fiesta protagonizada por el hijo del funcionario Elvis Amoroso, el presidente del Consejo Moral Republicano, en la que varios de sus participantes dieron positivos en Covid19.

También por denunciar la especulación en los precios de los alimentos y las largas colas que han tenido que hacer en sectores populares del país para recibir las cajas del programa nacional de alimentación (Clap). Los funcionarios le pidieron revelar sus fuentes. El periodista se negó haciendo uso de su derecho Constitucional y legal.

Mientras el mundo está debidamente confinado, convenientemente informado, y en lo posible sus ciudadanos protegidos por gobiernos que garantizan el derecho a la vida digna y a la salud, los venezolanos ignorantes de las recomendaciones, sorteando dificultades ya cotidianas, exponen sus vidas y las de otros.

Curiosamente el régimen de Maduro no reorienta sus fuerzas hacia la lucha actual y el enemigo común a todas las naciones del mundo.  A la batalla global contra la pandemia. Hasta el Estado Islámico ha dado un parón en sus actividades terroristas previendo la enorme amenaza del coronavirus. Pero Maduro es extraordinariamente incapaz de prever el riesgo o acaso, lo ha medido perversamente en su beneficio.

Al lado de un mundo que revaloriza a médicos y enfermeros por la enorme responsabilidad de desafiar la inédita amenaza del Covid-19 y perfilar estrategias exigiendo los recursos para avanzar en su lucha, Maduro detiene y hostiga a los profesionales de la salud que han demandado las condiciones necesarias y el equipamiento para afrontar la crisis que se avecina.  En un país donde escasea el agua y la energía eléctrica, que tiene zonas de la población con más de 3 meses sin una gota del indispensable recurso, alcaldes han solicitado la regularización del servicio a fin de poder cumplir con la más básica de las medidas de prevención: lavarse las manos constantemente con agua y jabón.

Mientras en Europa a las órdenes de confinamiento les han seguido medidas para salvaguardar económica y socialmente a la colectividad, en Venezuela no solo tal confinamiento resulta imposible para unos ciudadanos que no pueden hacer acopio de los bienes de primera necesidad, sino que se favorece la especulación, y si se combate es a “troche y moche”. A más de no condonar o prorrogar el pago de impuestos, se aumenta la Unidad Tributaria generando con ello mayor incremento de los precios en el mercado. Y como medida añadida, el régimen restringe aún más la ya escasa gasolina para consumo en el país.  Y hasta ofrece a la venta en dólares -a través de sus peculiares pero comunes canales irregulares (policía nacional)- el salvoconducto para circular y requisito para cargar combustible. A día de hoy la gasolina se ha acabado en muchos estados como Táchira y Zulia, según reportan algunos ciudadanos. “Sin ella es imposible adquirir alimentos a precios asequibles” señalan, ya que es preciso hacer largos desplazamientos y ya no existe el transporte público en algunas zonas  del país.

A esta suma de complicaciones se añaden nuevas restricciones en el acceso al Internet que aseguran la conveniente desinformación de la población en relación a la pandemia que ya entró por la puerta grande.

Esto es solo una pequeña parte del cúmulo de enorme de dificultades, amenazas y peligros a los que se enfrentan los venezolanos en medio de la crisis por el coronavirus. Mientras el mundo está debidamente confinado, convenientemente informado, y en lo posible sus ciudadanos protegidos por gobiernos que garantizan el derecho a la vida digna y a la salud, los venezolanos ignorantes de las recomendaciones, sorteando dificultades ya cotidianas, exponen sus vidas y las de otros.

La amenaza que se cierne en el país puede trasvasar fronteras. El mundo no podrá luchar contra una pandemia si persisten figuras como las de Nicolás Maduro al frente de un país que no solo se expone, cual blanco perfecto para al virus, sino que lo convierte en un foco persistente de contagio.

Si las naciones que aún no se han sumado a la lucha en contra esta dictadura comprendieran las implicaciones globales de esta situación, otro gallo cantaría.

El Covid19 se cobrará muchas vidas en Venezuela, de eso no hay dudas, superando seguramente estadísticas y porcentajes de otros países y muy a pesar de que  el vocero del régimen , Jorge Rodríguez, esconda los datos. Será un nuevo azote para el país que no ha podido frenar  la brutalidad del estado. El más violento virus, el que seguirá cavando fosas comunes, sumando desaparecidos y condenando a cientos de venezolanos a no ver el sol.

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