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La vuelta de timón de Ricardo Benaim

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Cuando Ricardo Benaim (Caracas, 1949) nos abrió la puerta de su taller y su casa en Gavá (España) para generosamente compartir ese mundo abundante en reflexiones e ideas novedosas, no intuíamos ni de lejos que aquello iba a sobrepasar la clásica entrevista de pregunta-respuesta para dejarnos, cautivos de su ingenio, abandonados sobre la ruta entre la inquietud filosófica del artista y la genuina disección del arte como oficio y pasión, de la que hizo gala. El calor soporífero del verano mediterráneo recién llegado a estas costas amenazaba con complicar el encuentro, pero pasó inadvertido entre el peculiar humor del artista y su cordialidad tan venezolana, entre su vehemente experticia y el faro imaginativo que no parece apagarse ni para tomar un café con hielo.

Bocetos, ilustraciones, materiales dispuestos en un orden en apariencia aleatorio fueron el marco testimonial de quien dijo haber procurado infructuosamente dejar sus sueños por un rato de lado para marchar al costado de su esposa Rosana, quien había montado Tres Paraguas, una pequeña y encantadora librería infantil de viejos portales amarillos en el centro de la ciudad. Una decisión sin boceto previo ni bitácora. Un plegarse maravillosamente al anhelo del ser amado.

Al sentir que probablemente Benaim había experimentado un interés por recogerse, no pude evitar invocar para mis adentros una frase de Unamuno: «Recogerse una temporada, sí, y callar, callar, (…) a busca de alguno de nuestros otros «yoes», de alguno de aquellos que he ido dejando en las encrucijadas de la vida». El por qué aquellas palabras vinieron a mi memoria queda desvelado en el personaje que, de seguido, nos habla no solo de su proyecto colectivo más reciente, sino de esa sensibilidad a caballo entre las meditaciones y la búsqueda de respuestas a preguntas universales.

El artista venido del trópico pronto tuvo que mudar aquel plan de contener por una vez en un cajón los propios “devaneos” creativos. La llamada telefónica del arquitecto venezolano Guillermo Barrios -uno de los hacedores de Cesta República en el Chueca madrileño- le pondría al frente de una exhibición basada en tejidos a la que Benaim accedería cuando en la imbricación de los hilos encuentra la metáfora de las conexiones humanas. Proyecto que pese a ser postergado hasta diciembre a razón de la pandemia, reencendería la mecha de su incansable ingenio. En adelante talleres online, exhibiciones, encuentros por Zoom le devolverían a las rutinas en el nuevo escenario.

Bocetos, ilustraciones, materiales dispuestos en un orden en apariencia aleatorio fueron el marco testimonial de quien dijo haber procurado infructuosamente dejar sus sueños por un rato de lado para marchar al costado de su esposa Rosana…

Pandemia, para mal, para bien

Sentado en el luminoso recinto que acoge toda su energía, Benaim evoca a su Caracas amada con efusividad, mientras que con ese tono ritual de quien se sabe homenajeando lo que le mueve la fibra, hace un recorrido por las edificaciones de la capital venezolana que pueblan su emblemática taxonomía. Se ha venido temporalmente -dice- pero ha quedado anclado por el Covi-19 e inevitablemente en su inquietísimo espíritu creador, la propia pulsión comienza a echar raíces. La cuarentena es pues para él una oportunidad. En este episodio sui géneris encuentra una fuente de interrogantes vitales, de cuestionamientos propios y ajenos.

Foto Lilian Rosales. Ricardo Benaim en su casa
Foto Lilian Rosales. Ricardo Benaim en su casa

Aparte del encierro común a todos ¿Qué ha supuesto la pandemia para ti?

¡Bueno! El primer día de cuarentena me desperté a las 5 am. Yo suelo despertarme temprano para meditar a las 7.00 am, pero esta vez batí récord y decidí ver la salida del sol. Aquello estimuló en mí la introspección y puso en relación una serie de ideas antes inconexas. En alguna ocasión el sol entró y volvió a ocultarse. Pensé en el hecho de no saber a ciencia cierta el momento exacto en el que ese ciclo empieza o termina. Era como el Uróboro, la serpiente que se muerde la cola. Y como éste, el proceso de la pandemia. Descubrí que aún no sabemos cuándo tendrá fin. Lo que sí sabemos es que algo se acabó, y otra cosa nueva comenzará.

La pandemia es lo más novedoso que nos ha sucedido. Lo único que puede salvarnos es entrarle como “cosa nueva” y no con la experiencia que teníamos. La experiencia nos hace creer que lo sabemos todo y no es así. Esto es un resset que yo he bautizado como “paréntesis”. Un paréntesis de condiciones especiales: confinamiento, reglas para jugar y, sobre todo, la advertencia de que afuera continúa rondando la muerte. El mundo tal y como lo conocíamos murió (como podemos morir nosotros) mientras la vida sigue pululando aquí dentro de las casas. ¿Por qué vas a salir si tienes tu mundo interior? Estás encerrado, pero más conectado que nunca con Internet. Más cerca de gente que está más lejos. Aquello me previno a pensar que el paréntesis invertía algunos elementos del juego y que era preciso saber identificarlos.

¿Qué mudanzas han experimentado tus dinámicas de trabajo?

Si bien pintar es eso que hago – la gente compra mis cuadros y de eso vivo – no es éste el mejor momento para la exhibición. Creo en cambio, que es la coyuntura propicia para dar una vuelta de timón, para comunicarnos, compartir ideas, construir cosas comunes y generar nuevos espacios de participación y creación. Es momento de reinventar y reencontrar la función del arte, de repensar la cultura. Es la circunstancia oportuna para la materialización colectiva de las reflexiones y es ésta la base de un proyecto concebido bajo el nombre de “Antes-Durante-Después”.

La pandemia es lo más novedoso que nos ha sucedido. Lo único que puede salvarnos es entrarle como cosa nueva y no con la experiencia que teníamos.

¡No nos dejes así, cuéntanos de qué va!

Todos los proyectos colectivos que genero tienen por centro mi propia inquietud. No me invento un proyecto que esté fuera de mi vida porque parezca interesante. Y ahora mismo me pregunto ¿cuál es la función del arte en estas circunstancias? Los médicos estarán en una reflexión semejante, los taxistas, los que venden y transportan alimentos. Todos. ¿Cuál es la función aparte de crear? Porque crear es una actitud, es la cotidianidad del artista. ¿Al servicio de qué está ese arte? Y me machaco por encontrar la ruta para esclarecerlo y expresarlo. Si no puedo expresarme me deprimo. “Eso” se queda en la barriga y me hace agujeros.

Foto: Lilian Rosales. Ricardo Benaim en su terraza de Gavá
Foto: Lilian Rosales. Ricardo Benaim en su terraza de Gavá

Con esa inquietud deambulando en la cabeza concreté el taller semanal que llamé “Viaje a Oriente” y que me ha ofrecido un punto de encuentro con artistas venezolanos en el mundo. Al periodista Leonardo Hernández, director de Andartearte.com y mi aliado en Antes-Durante-Después, lo conocí por cierto mientras hacía uno de ellos.

El nombre “Viaje a Oriente” se debe a las reflexiones surgidas mientras visionaba la salida del sol. Es un paseo inverso hacia uno mismo, hacia la luz, la comprensión. Un viaje donde yo no soy el capitán porque yo transcurro junto a ellos. Es un recorrido que nos permite hablar de lo que está pasando y convertirlo en obra nacida de la inquietud, de ese algo nuevo que cada cual va sintiendo. Ha sido, además, el germen de la obra en tres tiempos: Antes de la pandemia, Durante (la actualidad que transitamos) y Después (cuando todo haya acabado).

Antes-Durante-Después: convocando a los artistas

Este proyecto expositivo cuya convocatoria está abierta para artistas de todas las disciplinas, pretende ser la declaración de lo que hemos aprendido tras esta conmoción vital. Se trata de una obra que ha de marcar tres momentos de reflexión creativa dispuestos en tres paneles, una obra por panel, y cuya pauta surge del posicionamiento del autor frente a la realidad, no de la mera coherencia estética. Como docente, creo que al enseñar Arte debemos propiciar que el artista más que opinar, se posicione. La posición requiere de compromiso, como la vida. Y el arte, como la vida, nos arroja cientos de interrogantes ya que es una forma de andar por ella.

Ante cada interrogante debemos asumir una posición. Como dijo un asistente al curso, “entonces ¿de este taller vamos a salir más confundidos que antes? -Ricardo ríe y prosigue- ¡Ojalá! porque ¿cómo puedo garantizarles claridad si la vida es un trabajo individual? Del propio quebradero de cabeza que surja, brotará la claridad. Cada quien debe encontrar la suya más allá de las preocupaciones formales acerca de ¿qué color usar? Esto es dar un paso adelante en el proceso creativo y existe una notable diferencia, como la hay entre el kindergarten y la preparatoria.

Texto originalmente publicado en Venezuelanpress: http://www.venezuelanpress.com/2020/07/11/la-vuelta-de-timon-de-ricardo-benaim/
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