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La fotografía de James Nachtwey

Entre el horror y la compasión

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Un aterrorizado y traumatizado joven Hutu “acababa de ser liberado de un campo de concentración en el que se torturaba y mataba a las personas”, lo habían trasladado a un puesto médico rudimentario y entonces, un fotógrafo que se encontraba trabajando allí vio como el joven se acercaba a él.  No podía hablar aunque tampoco entendía su idioma. Del contacto visual que se estableció entre ambos, del lenguaje corporal que fue capaz de transmitir claramente las intenciones, surgió el momento propicio para que el que el fotógrafo consiguiera aquella imagen. Mientras el joven Hutu comprendía que de aquella manera sus cicatrices estarían contando su historia al resto del mundo, el fotógrafo James Nachtwey se daba cuenta de que aquel joven lo había nombrado el mensajero de un comprometido mensaje.

Los conflictos de los últimos treinta años han tenido uno ojo atento, vigilante y agudo en James Nachtwey . El fotógrafo probablemente ha cubierto la mayoría de ellos. Pero no se trata solo de un registro  de imágenes cualquiera. Sus fotos muestran la rudeza y crueldad padecida a flor de piel por aquellos seres humanos que se han antepuesto a su lente. El episodio descrito anteriormente es tan solo mi interpretación de sus palabras y una muestra de su extenso y poderoso trabajo con la realidad de muchos pero también con la lidia de su propia sensibilidad, valentía, compromiso y  fe.

 

El miedo parece haberse agazapado tras la decisión personal de dar testimonio con auténtica exigencia de enfrentamientos y ejecuciones, guerras, enfermedades y  mutilaciones, de esa aborrecible barbarie que ha dominado a nuestra raza humana durante tantos conflictos librados a los largo de estos 35 años. Nachtwey además, nos hace partícipes de su relación, próxima, tremendamente humana, con las personas en medio del caos que les envuelve. Por algo es considerado uno de los más avezados y destacables fotógrafos de guerra de nuestro tiempo.  Para muchos, el sucesor del mismísimo  Robert Capa.

 

Nacido en 1948 en Syracuse, Nueva York, James Nachtwey cursó Historia del Arte y Ciencias Políticas en una reconocida universidad de los EEUU. La guerra del Vietnam marcó el futuro de su carrera profesional cuando, impactado por algunas imágenes del conflicto así como del movimiento de derechos civiles estadounidense, encontró su vocación.

 

La NBC sería su primera escuela cuando se desempeñó como ayudante del editor de noticias. Seguidamente se trasladó a Nuevo México para colaborar con un fotógrafo local y es en 1980 cuando decide regresar a NY para convertirse en fotógrafo independiente y trabajar para Black Star simultáneamente. Durante esta etapa viaja y registra la guerra civil de Irlanda del Norte, su pasaporte a la fama que más tarde llegaría tras una vida dedicada a cubrir conflictos.

 

De esta experiencia señala: «En 1981 fui a Irlanda del Norte, 10 prisioneros del IRA estaban en huelga de hambre hasta el final para protestar por las condiciones de detención. La reacción en la calle fue una confrontación violenta. Vi que los frentes de las guerras contemporáneas no tenían lugar en campos de batalla aislados, sino precisamente donde vivía la gente».

Desde entonces la lente de este respetuoso y comprometido fotógrafo ha documentado los conflictos y  tragedias en remotos confines como El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Ruanda, Sudáfrica, Kosovo, Rumania, El Líbano, Tailandia, Cisjordania, Israel, Gaza, Afganistán, India, Sudán, Bosnia y Nueva York.

 

Desde 1984 Nachtwey está en la nómica de Time Magazine. Fue miembro asociado de Black Star entre 1980 y 1985 como señalamos anteriormente, y durante el periodo entre 1986 a 2001, miembro de la agencia Magnum fundada por Robert Capa y Henri Cartier Bresson. Más tarde crearía la  Agencia VII. Ha expuesto individualmente en el International Center of Photography de Nueva York, el Palazzo Esposizione de Roma, El Circulo de Bellas Artes de Madrid, el Carolinum en Praga, el Centro Hasselblad en Suecia, la Canon Gallery y el Nieuwe Kerk en Amsterdam, y el Hood Museum of Art del Dartmouth College, entre otros.

 

Su trabajo, en el que predomina por elección el blanco y negro,  es el resultado del propio compromiso del autor. Para él su fotografía pone la cara al sufrimiento de manera respetuosa, persiguiendo la verdad para mostrar el pesar de tanta gente y el hecho de que nada justifica que aquello ocurra, a una persona y a miles.

En innumerables entrevistas el fotógrafo norteamericano ha señalado la importancia de un periodismo dedicado a lo que él llama «los que están en el lado doloroso de la historia». En él la fotografía complementa el trabajo de editores valientes. Sola (la fotografía) “es como aullar en medio del viento” ha dicho en un encuentro con periodistas celebrado en Madrid (2015). Prueba de ello ha sido la resonancia que el conflicto de Somalía tuvo gracias al compromiso del New York Magazine que cedería una primera plana a sus imágenes relacionadas con aquella hambruna, y que se traduciría más tarde en la ayuda que permitió salvar a 1,5 millones de seres humanos gracias a lo recaudado por la Cruz Roja.

 

Su trabajo persigue que el espectador se sienta presente en aquellos escenarios, pueda vivir la situación. Por ello buena parte de sus fotografías han sido tomadas a la altura de los ojos. Pero más allá de la reacción emocional que persigue y consigue magníficamente, busca una de tipo intelectual y moral, una reflexión que lleve a los hombres espectadores de su obra en todo el mundo, a empatizar y a rechazar aquellos conflictos.

 

El modo en el que trabaja, aparte de ese filoso ojo se debe a su manera de abordar el momento cuando insiste en querer ser transparente, pasar inadvertido, fundirse con el escenario. Y de esto da fe el documental del director Christian Frei «War Photographer» (2001) que muestra su vida durante dos largos años en medio de conflictos diversos  y consigue constatar cuán cerca puede estar el fotógrafo de la acción, el peligro y el dolor.

El fotógrafo, que no ve sus piezas como obras de arte sino como «fragmentos de dolor», ha sido galardonado en muchas ocasiones. Ha sido dos veces World Press Photo Awards,ha obtenido cinco veces el Premio Medalla de Oro Robert Capa , dos veces el Premio Leica, tres veces el Premio Infinity del International Center of Photography , cinco más el Premio Bayeaux para Corresponsales de Guerra, el Alfred Eisenstaedt Award, seis veces el Canon Photo essayist Award, la W. Eugene Smith Memorial Grant en Fotografía Humanista y el Premio Luka Brajnovic de la Universidad de Navarra en 2015. James Nachtwey es miembro de la Royal Photographic Society y tiene un Doctorado Honorífico de Bellas Artes por el Massachusetts College of Arts.

 

James Nachtwey viaja por el mundo, con su mochila, su cámara dispuesta y su infalible compromiso siempre atento.  De este modo nos muestra como la paz resulta un valor inestimable cuyo logro supone una lucha constante. Pese al indescriptible dolor, la injusticia, el  miedo del que ha sido testigo y que nos descubre en cada una de sus recias imágenes, asegura seguir creyendo en el ser humano e insiste en que es esto lo que pretende: inspirarnos, devolvernos la fe en la propia humanidad y enseñarnos el valor de la tolerancia, de la amabilidad, del coraje, la compasión, la amistad, el humor; de la integridad, del respeto y del perdón. Estas fotos a veces pueden cambiar no solo las vidas de aquellos a quienes él fotografía, sino también las vidas de aquellos que las miran,  acabando con la indiferencia.

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