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Hans Rosenfeldt vuelve con Marcella

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El escritor y guionista Hans Rosenfeldt (Suecia, 1964) no solo ha escrito un considerable número de magníficas novelas policíacas sino que ha producido series, como la escandinava Bron, que ha encontrado el éxito y una larga vida en un par de versiones más hechas para las televisiones norteamericana y anglo-francesa. Recientemente y en su primera experiencia británica, Rosenfeldt nos ha traído junto a Nicola Larde, a Marcella (2016). Una serie estrenada en la cadena ITV Buccaneer Media que ha recalado en Netflix el pasado mes de julio. Con ésta el director sueco vuelve a regalarnos un producto de muy buena factura.

En la línea del Nordic Noir, esta serie logra dibujar el perfil de una inspectora de policía (Marcella Backland) agria, tensa y obsesionada con su trabajo, que sufre de una especie de trastorno del control de la ira, y episodios de amnesia.

Pese a estar retirada de las faenas policiales,  la protagonista decide regresar al trabajo tras la visita de un detective que indaga acerca del homicidio de un niño, perpetrado al parecer por un asesino en serie, y que no ha sido resuelto.

La producción guarda sendas similitudes con su predecesora Bron (Broen/The Bridge): ambas están basadas en tramas policíacas, protagonizadas por mujeres destacadas en lo profesional, caóticas en la vida privada, con rasgos psicológicos muy especiales y una actitud de empecinamiento en la cacería intelectual que acometen. Además en ambas series, son  abundantes los giros de guion.

La historia de Marcella logra saltar, con esa habilidad propia del autor sueco, los lugares comunes del género consiguiendo los suficientes elementos para mantener la atención sostenida del espectador. Pese a ello, en el fondo no deja de ser el clásico esquema “cazador y presa” de las producciones de este tipo, y su consabida batalla librada desde el territorio psicológico.

En Marcella, buena parte de los personajes, más allá de la protagonista, son responsables de añadir ese vital condimento lóbrego y ambiguo. Muchos representan  figuras con evidentes patologías -aunque funcionales-  que a ratos pueden resultar exagerados, pero no lo suficiente como para detenernos en el reproche y sustraer nuestra atención de la envolvente trama.

Pese a las evidencias del género, se agradece que la abundante violencia sea justificada plenamente, y hasta que la historia acuda al clásico “despistar mientras hilvana nuevas pistas”, imperceptibles para buena parte de los espectadores hasta muy adentrado el desenlace.

Inquietud y perversidad pincelan la propuesta narrativa del dúo Rosenfeldt – Larde, cuyas coordenadas girarán en torno a la actriz inglesa Ana Friel (Marcella), poniendo acento en su propio drama personal que parte del inminente divorcio y de las peripatéticas rutinas como madre en medio de la zozobra policial. En cualquiera de estos casos, son todos en apariencia asuntos ampliamente superados por su dedicación al trabajo.

Marcella serie de Netflix
Marcella serie de Netflix

Con la carga dramática y tensión de su vida privada, artificiosamente sepultada por la investigación, su personaje es también una clara metáfora de las rutinas de nuestros días consumidas por las exigencias laborales. Pero no es solo esta la razón que atormenta a Marcella. A la apasionada y contenida protagonista, su patología la incorpora como si se tratase de un espejo, a la acera de los posibles culpables. Sus numerosos temas pendientes y traumas van saltando conforme progresa la narración.  Nos adentran así en una trama plagada de nudos dramáticos que no hacen más que apuntar a la anti heroína asumiendo el reto que acaso aliviará  su dolencia personal. Muchos sospechosos, propio de las serie del género, nos incorporan como observadores a la especulación activa. Aunque es preciso señalar que algunas situaciones descritas no escaparían a una minuciosa revisión lógica, se trata de ocho episodios en los que sus creadores perfilan, más allá de Marcella, a unos magníficos personajes tan perturbados como fascinantes y una historia bastante aceptable.

En la elaboración de este guion, además de Rosenfeldt y Larde, participan Marston Bloom, Mark Greig y Ben Harris. La dirección corre a cuenta de Charles Martin, Jonathan Teplitzky, Charles Sturridge y Henrik Georgsson.  Además de Anna Friel (The Girlfriend Experience) participan los actores Jack Doolan (White Gold), Ray Panthaki (One Crazy Thing), Nina Sosanya (W1A), Nicholas Pinnock (Fortitude).

Confieso que vi la serie en tiempo récord, atrapada desde el primer capítulo por un clima que no se diluye como temí que ocurriría.

 

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