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El «Alma Llanera» cumple años

Y salta talanqueras

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Han corrido 104 años desde que sonó por primera vez “El Alma Llanera” en el teatro Caracas, en Venezuela.

Esta pieza del folclore venezolano, inscrita dentro del joropo pero con estructura de zarzuela, se la debemos al oficioso trabajo del músico y compositor guaireño Pedro Elías Gutiérrez (1870 – 1954) en una adaptación del vals “Marisela” de Sebastián Díaz Peña (para la primera parte), y del vals “Mita” del curazoleño Jan Gerard Palm (para la segunda parte). La letra que le acompaña fue obra del periodista Rafael Bolívar Coronado (1884-1924), sobre quien unos años más tarde sobrevolaría un descomunal desprestigio tras las sospechas de  plagio y falsificación de las que sería fundadamente acusado durante su estancia en España. Una cuestión que el propio periodista justificaría como producto de la necesidad.

Este impasse que tuvo su eco en la edición venezolana de la revista «Billiken» de 1919, forjaría la enemistad con el escritor Rufino Blanco Fombona, director de la Editorial América para la que trabajaba. Como consecuencia de todo ello, Bolívar Coronado jamás regresaría a Venezuela y moriría en Barcelona sumido en la pobreza.

Pese a este desarrollo de los hechos que son posteriores a la escritura de la pieza musical, la letra del que se convertiría en un segundo himno para los venezolanos y notable éxito, se considera enteramente suya. Pasados los años, no se sabe si por despecho o por desdén,  el autor manifestó: “de todos mis adefesios es la letra del Alma Llanera del que más me arrepiento”.

Bolívar nunca obtuvo beneficio alguno del boom que rodeó al Alma Llanera pero sus familiares conseguirían cobrar por sus derechos.

A día de hoy, el Alma llanera ha sido interpretada por una coral de voces y agrupaciones variopintas. Desde los míticos cantantes-artistas del cine de Oro Mexicano: Jorge Negrete y Pedro Infante hasta los populares Julio Iglesias y José Luis Rodríguez la han entonado. Ha protagonizado la escena de un Plácido Domingo, un Rafael y un Alfredo Sadel .

Ha sonado en la guitarra del maestro caroreño Alirio Díaz, en la de nuevas figuras como el concertista español Pablo Sáinz Villegas y en el piano de Aldemaro Romero. La Orquesta Simón Bolívar ha llevado toda su potencia al súmmum de la majestuosidad al conseguir llenar verdaderos teatros, no solo con su formidable interpretación orquestal y arreglos, sino con las imponderables emociones de un público que ha sabido apreciar su esencia y se ha rendido ante ella. El Alma Llanera ha sido adaptada a la salsa por Oscar D´León y hasta tiene una versión que ha resultado sorprendentemente amable para el colectivo LGTB, la del músico brasilero y activista Ney Matogroso. Al parecer  en Brasil como en Venezuela es un himno, pero un himno gay. Porque a pesar de los esfuerzos de los recios cantantes llaneros en adaptar la letra -que fue concebida en origen para ser interpretada por una mujer- su espíritu fementido pervive en toda ella, y brota en las imágenes poéticas que construye. Así “ser hermano de la espuma, de las garzas de las rosas” la distancia de arquetípico hombre rudo del llano, y ha obligado a copleros y cantantes a introducir modificaciones de la letra in situ, como “soy hermano de los pumas” (en lugar de «soy hermana de la espuma») para salvarse de tales asociaciones. Pese a ello, su letra está plagada de frases que aluden a un sujeto enormemente sensible, el mismo que “canta, llora, ama y sueña con claveles de pasión” y es esto probablemente lo que la ha hecho saltar más allá de las fronteras geográficas, por encima de las talanqueras simbólicas y los prejuicios, para dejarse apropiar por quien mejor se identifique con su espíritu. Es lo que tiene la poesía.

El Alma llanera venezolana entonada por mujeres, hombres, transexuales, gays o lesbianas, es un hermoso canto a la naturaleza y al amor, a la pasión, a la libertad.

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