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Dos amores y un decálogo de Miguel Ferrari

Una entrevista de Verónica Rotondaro

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Miguel Ferrari, Premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana, no sólo es un referente para muchos cineastas latinoamericanos sino inspiración y ejemplo de tenacidad para el colectivo inmigrante residente en territorio español. Ferrari, además, ha transitado prolíficamente el circuito teatral de Madrid. Siendo un caso de rotundo éxito, queremos indagar en sus secretos profesionales, y más allá, en esa relación íntima que establece el venezolano con la tierra que le acobija, España,  saber cómo la cultiva, cómo la mima.

Él, Miguel

Conocí a Miguel Ferrari en el Festival de Cine Nacional de Margarita (Venezuela). Más tarde, tuve un nuevo encuentro con él en Madrid gracias a otro cineasta, también venezolano y residente en España, John Petrizzelli. En ese “cara a cara” me impresionó un hombre sencillo, humilde y generoso que compartía su saber sin mezquindades. Un hombre solidario con «su gente» como definió a los venezolanos dentro y fuera de España. Económico en el uso de palabras, con un empleo “elegante” de la voz y la gestualidad, nada ventilaba todos sus éxitos como actor de cine, TV y teatro. Y eso que, bajo la dirección de reconocidos dramaturgos y directores venezolanos, así como internacionales, Ferrari ha sido acreedor de múltiples premios otorgados en su país de origen, y en el exterior, incluyendo el codiciado Goya.

 

Quiero acercarme a él para indagar en su fórmula de éxito allende fronteras, no solo como profesional sino en ese ejercicio de amar a dos países al mismo tiempo con la misma intensidad. Pero la pandemia se interpone y nos obliga a sortear aquella frontera telemáticamente, cosa que pasa inadvertida cuando dialogando brotan las respuestas a las interrogantes de muchos jóvenes cineastas venezolanos y latinoamericanos que ven en él un referente inequívoco, respuestas a las dudas de tantos estudiantes de cine y hasta a cualquier migrante. Cosa importante para todos ellos: Ferrari pudo alcanzar su sueño.

¿Cuál fue la chispa que puso en marcha tu carrera?

– La verdad es que siempre tuve esas inquietudes en torno al arte en todas sus manifestaciones: en la plástica, la danza, el teatro y el canto. Siempre mantuve la cercanía a las artes en general. Por supuesto, cuando te gradúas de bachiller estás como lleno de prejuicios. Los otros te incitan más bien a buscar carreras «más rentables» porque es cierto que el arte es siempre un poco  inestable. Fue mi caso. Soy hijo de inmigrantes quienes siempre han tenido cierta fijación con la parte económica. Me inculcaron con énfasis el valor de la estabilidad que en ese sentido que pueden dar ciertas carreras, la artística no era una de ellas, así que empecé estudiando ingeniería tras graduarme de bachiller. Más tarde, descubrí que no era lo mío aunque continué estudiando la carrera, pero al mismo tiempo comencé a cursar arte dramático en la Escuela Nacional de Teatro de Caracas porque era lo que realmente quería hacer.

La primera vez que me monté sobre un escenario con una obra de teatro, descubrí mi vocación. Era lo que quería hacer para el resto de mi vida, de modo que intenté de alguna forma complacer a mis padres con una carrera que podría darme una estabilidad y a la vez, complacerme a mí mismo. Al final abandoné la ingeniería. Me dediqué a seguir mi instinto. Ese es el primer consejo que puedo dar y el primer aprendizaje que puedo compartir: No puedes hacer las cosas en la vida para complacer a los demás si no te hacen feliz aquello. No puedes hacer lo que los demás esperan de ti traicionándote a ti mismo.

Desde aquel entonces ¿En cuántos concursos audiciones y convocatorias has participado?

 

– He tenido mucha suerte en ese sentido. Obvio que he tenido que superar gran cantidad de castings. A la primera siempre obtuve los personajes para ello, más que suerte, es como reza el dicho «lo que es para ti, ni que te quites y si no es, ni que te pongas”.

Como cineasta, tras cámara, he participado en muchas convocatorias para lograr el financiamiento de mis películas que son palabras mayores. Es muy costoso hacer cine, afortunadamente uno puede apoyarse en convocatorias, ayudas y subvenciones.

Como actor ¿sigues un método específico?

– Creo que sigo mi propio método, pero para lograr tener tu propio método necesitas saber cuáles son todos los métodos que existen. Un poco de Stanislavski, un poco de Grotovski.

Son tantos los métodos que hay, y aunque son fantásticos todos, uno como actor va tomando un poco de aquí, un poco de allá, lo que te funciona a ti. Al final armas el tuyo propio, el que te permite sacar determinadas emociones en determinadas circunstancias o escenas. Cada actor tiene su método particular resultado de las experiencias a lo largo de su carrera y de su paso por las diferentes técnicas.

¿Tienes mánager, agente o representante? ¿Cuán importante es tenerlo?

– Sí, lo tengo desde hace muchos años. Desde que llegué a España. Incluso, en Venezuela también tenía aunque es cierto que en Venezuela nunca fue indispensable tener un representante. En cambio, cuando sales de Venezuela te das cuenta de lo importante y necesario de tenerlo  ya que ninguna productora, ninguna cadena, nadie va a tratar directamente con el artista sino con la agencia o con el representante que lo lleva. Es así como se maneja la contratación, al menos en España y en Estados Unidos.  De tal manera que lo primero para un actor es tener quien haga frente a esos protocolos.

¿Aconsejarías lo mismo para un guionista o director?

– Sí, sobre todo ahora cuando se está produciendo tanto. En este momento cuando se necesita un volumen tan alto de contenidos para las múltiples plataformas de streaming y se requiere de mucho talento -tanto de guionistas como de directores – creo que es lo apropiado. Por lo tanto, sí lo recomiendo.

¿Ser actor te ayudó a ser mejor director y viceversa?

– Sí, indudablemente, tal cual.

Creo que cuando te colocas detrás de la cámara entiendes un poco mejor por lo que está pasando un director y quizá por ello te conviertes en un mejor actor.

Como director sabes que los actores son un elemento más dentro de una historia que deseas comunicar, al lograr entender esto como actor, entender que formas parte de un todo y que debes apoyar a director en la narración de esa historia, al asumir una actitud más colaboradora, más empática con la propuesta del director que cuenta la historia, todo fluye. Hay que tener claro que se es un instrumento más.

De los premios que recibiste en Venezuela ¿Cuál te mueve más la fibra?

– ¡WOW! ¡Hay premio! A mí me han dado muchos premios y me siento muy afortunado por ello. Mi trabajo en el teatro, en el cine y en la televisión siempre ha sido reconocido.

Quizá el premio que más alegría me ha dado es el Marco Antonio Ettedgui. Es un premio que se le da a un creador de teatro por una carrera, por toda una vida. Es un premio que lo pueden ganar los creadores, actores o cualquier área del teatro hasta los 35 años. Un premio a toda la trayectoria como creador joven en honor a la figura del  fallecido Marco Antonio Ettedgui durante una representación a los 22 años. Es un premio individual o lo que es lo mismo, se le da a una solo persona, una vez al año.  Yo tuve la fortuna de ganarlo y me siento privilegiado al ser uno de los premiados con este galardón.

¿Cuál director de los que te ha dirigido hasta el momento ha impactado más en tu trabajo? ¿Por qué?

– Hay uno indiscutible, Carlos Jiménez, Director de Rajatabla.

El aprendizaje y todo lo que generó en mí es significativo y aún lo conservo. Las emociones que ese director fue capaz de generarme y por otra parte, las herramientas que me proporcionó en cada circunstancia y obra de teatro en la que trabajé bajo su mirada, su dirección, es de las cosas que más me han marcado. Con Rajatabla hice “La Celestina”, y fue sorprendente desde todo punto de vista, entre otras cosas, porque las emociones que experimenté sobre el escenario fueron únicas.

¿Qué significa para ti el guion y el proceso de realizarlo?

– El guion es parte fundamental y fundacional del hecho audiovisual, su base, y como un edificio puede caer al no tener buenas bases, con un guion mediocre no se puede hacer una buena película o una buena serie, por lo tanto, hay que prestarle una especial atención.

¿Cómo te enteraste de la nominación de “Azul y no tan rosa” al premio Goya? ¿Qué sentiste en aquel momento?

– Fue algo indescriptible. Ese año el comité de las Academias en Venezuela decidió que “Azul y no tan rosa” nos iba a representar en los premios Goya. Para mí fue un gran honor convertirnos así en representantes de toda la cinematografía producida en un año en el país, de toda la filmografía elegida en comité para representar a Venezuela en el extranjero. Luego, la experiencia en España que no tuvo menos valor cuando la Academia de Cine, tras visionar todas las películas postuladas, escogieron las 4 de mayor puntuación entre las cuales figuró la nuestra. El solo hecho de estar entre esas cuatro fue para mí increíble, tomando en cuenta que son alrededor de mil quinientos académicos quienes votan. Me enteré en la Academia porque me habían invitado y justo hicieron lectura de los nominados. Es difícil describir la emoción cuando escuché el nombre de la película…

¿Qué descubriste en ti luego de recibir el premio?

 – Descubrí que la constancia, que caer y levantarte de nuevo, que prepararte y luchar, que creer en ti mismo tiene siempre una recompensa.

Nunca trabajé para lograr un premio, obviamente, sino para lograr mis metas y mis metas son mis trabajos como creador, como cineasta. Mi meta es comunicar a través del arte, conectar con las emociones del público a través de mi trabajo y eso requiere de mucho esfuerzo, paciencia, constancia; de no decaer. Con el Goya entre mis manos reafirmé que si perseveras, vences al final. Mi recompensa con «Azul y no tan rosa» y con «La Noche de las dos lunas», mi segunda película, ha sido no solo la gran conexión con el público sino el haber contribuido a mejorar la vida de muchos cuando aquellas historias han incidido emocionalmente ellos. Es ese mi mayor premio.

También es muy satisfactorio que el trabajo sea reconocido por el medio donde uno se desenvuelve.

Cinematográficamente hablando ¿Cómo se logra esa intimidad con el público español y cómo con el latinoamericano?

– Para mí fue impactante ver que los españoles conectaron con la historia, respondieron y vibraron con ella pero no solo ellos,  eso mismo ocurrió con personas alrededor del mundo, como en Hamburgo (Alemania) o en Tokio, donde proyectaron «Azul y no tan rosa». Ver cómo alemanes o japoneses con culturas muy distintas a la nuestra reaccionaban de igual forma que los venezolanos y en las mismas escenas de la película, fue realmente impresionante. Con ello corroboré mi tesis de que el ser humano es igual en cualquier lugar del mundo cuando le hablas desde la verdad y las emociones. Somos esencialmente iguales, con los mismos sueños y las mismas angustias respondiendo a un lenguaje universal.

En ese sentido ¿El personaje de Diego es universal?

– Sí, por supuesto, puedes verlo en cualquier familia, en cualquier lugar. De hecho, quise que Diego fuera hijo de una venezolana con un español para que representara la diversidad de nuestro país y que, además, se reflejara en cualquier lugar del mundo donde también existe esa diversidad.

 Si Diego fuese español ¿Cuál actor ficharías?

– Elegir al actor venezolano que interpretó a Diego fue muy complicado. Hice casting específico a 23 actores para ese personaje, era muy importante porque se trataba de la columna vertebral de toda la película y tenía muchos años fuera de Venezuela, por lo tanto, desconocía a los actores de esta última generación, los que justamente contaban con la edad del personaje. Tuve que estudiar mucho a quienes podían ofrecerme ese personaje tan complejo que contaba con ese abanico emocional tan amplio, afortunadamente di con Guillermo García y fue todo un acierto.

Y ¿a quién ficharías por Delirio en España?

– Aquí hay actrices fantásticas, pero ya no podría ver a ese personaje en la cara de otra actriz porque escribí ese personaje para Hilda Abrahamz especialmente.

¿Cómo se construye un personaje español?

– Como cualquier otro personaje, es cierto que tu origen, tu lugar de residencia, el contexto condiciona de alguna forma, pero como dije antes, los seres humanos son esencialmente iguales en todo el mundo y reaccionan ante las circunstancias de la misma forma. Cuando construyo un personaje me voy hasta su esencia, a las emociones y eso funciona para cualquier personaje indistintamente de su origen.

Como actor tuve que aprender a construir personajes y ahora, cuando escribo mis personajes lo hago de la misma manera, como intérprete. Busco en ellos la razón por la cual reaccionan de determinada manera ante ciertas circunstancias. Todo tiene que ver con sus antecedentes, con su crianza, sus contextos. Nunca juzgo a los personajes, no me gusta juzgarlos porque cada uno responde de una forma determinada dependiendo de las cosas que ha tenido que vivir.

¿A qué te sabe España?

 – A mí lo que más me movía de España era algo que sentía, era ese saber que pertenecía a este lugar. ¿A qué me sabe? Me sabe a libertad y a ser yo mismo, sin importar el qué  dirán. Siempre me sentí a gusto porque podía desenvolverme sin ningún tipo de prejuicios. La libertad desde el lado más genuino, más auténtico.

¿A qué te sabe Venezuela?

– Venezuela me sabe a muchas cosas, muy lindas, allí hay algo muy especial con la gente, la cercanía, esa cosa dulce, bonita, amable, eso es lo mejor que tenemos nosotros los venezolanos. Es lamentable que con el transcurso de los años los venezolanos nos hayamos endurecido un poco por lo duro de las circunstancias, pero somos esencialmente cariñosos, sonrientes. Con esas cosas me quedo. A eso es a lo que me sabe. Es un país que resurge siempre y no pierde el optimismo.

¿Por qué Madrid y no otra ciudad de España o Europa?

– Madrid para mí es una ciudad perfecta, lo único que le faltaría para ser lo más es que tenga mar (risas). Madrid es maravillosa, es una ciudad que está acostumbrada a recibir gente de afuera siempre, extranjeros y personas de otras provincias españolas también. Madrid, y el madrileño en sí mismo, son muy abiertos, cosmopolitas, porque están acostumbrados a «recibir». Ha sido así a lo largo de su historia y es un lugar donde pasa de todo a nivel cultural y artístico. Me siento muy afortunado de vivir en esta ciudad.

¿La amas?

– Absolutamente porque me ha hecho sentir como en casa.

¿Cómo es dirigir teatro en España?

 – Es fabuloso. Me gusta mucho la disciplina de los actores en este país. Tienen una formación y un rigor muy grande, y eso es algo de lo que nosotros tenemos que aprender. Siempre he sido muy disciplinado y entregado por ello creo mucho en la formación y la constancia, el trabajo de actor lo necesita. Además, no se deja de aprender nunca, pero se necesita tener ganas de aprender, tener ganas todo el tiempo, y de explorar porque es un trabajo de permanente descubrimiento.

Te mueves en distintos géneros ¿Cuál de ellos te gusta más?

– A mí me gusta explorar la diversidad. Ahora mismo hay una tendencia al multi-género donde las cosas no son tan absolutas. Me gusta el drama y la comedia mezcladas porque creo que la vida es así, tiene drama y tiene comedia constantemente; van de la mano, como en el teatro la tragedia y la comedia, y como la vida misma.

Siendo migrante que se mueve entre Venezuela y España ¿Cómo llevas la relación amorosa simultánea con los dos países?

– La relación amorosa con Venezuela y España la llevo bastante bien porque estoy acostumbrado, soy hijo de inmigrantes. Mis padres son italianos. Sé lo que es ser migrante desde que tengo uso de razón y sé los sacrificios que implica. Recuerdo que había cosas que no podíamos permitírnoslas. Cuando me tocó migrar para mí no significó algo nuevo, lo que he experimentado aquí en España no me tomó por sorpresa porque es algo que ya había vivido, por lo tanto, lo he llevado bastante bien. Además, creo que tu país es también el que te abre las puertas para que puedas desarrollar lo que quieres ser, así lo han entendido mis padres respecto a Venezuela quienes se sentían tan venezolanos como italianos. Venezuela fue el país que les dio las oportunidades de crecer, de formar una familia y de ser lo que querían ser. En mi caso ocurre lo mismo, no puedo dejar de pensar en el país donde nací, donde viví la primera parte de mi vida, pero lo llevo bastante bien. También me siento de todas partes, como un ciudadano del mundo, aunque suene utópico decirlo o un lugar común, pero me siento ciudadano de un mismo planeta.

¿España y Venezuela se quieren? ¿Son compatibles?

– Totalmente. El idioma unifica y es muy fuerte.

¿Cuál es tu película española favorita?

– ¡Son tantas! Creo que “Tesis” de Alejandro Amenábar es de mis favoritas porque la primera vez que la vi me impactó tanto que decidí venir a España a estudiar Dirección de Cine.

¿Y tu película venezolana favorita?

– Mi película venezolana favorita es “Golpes a mi puerta” de Alejandro Saderman basada en la obra de teatro de Juan Carlos Genet, maravillosa.

¿Cuál ha sido tu profesor español favorito?

– El profesor que dictó la cátedra de Fotografía, Ángel Sáenz, porque amo la fotografía y él me inculcó cosas muy interesantes, lo recuerdo con mucho afecto. En el cine la imagen es la que habla, de allí la importancia de la fotografía y lo que significó para mí su cátedra.

¿Cuál ha sido tu profesor venezolano favorito?

– Soy licenciado en Teatro y tuve tantos profesores fantásticos, pero quien me viene a la mente de primero es Orlando Rodríguez, fue mi profesor en la Escuela Nacional de Teatro, mi profesor de Análisis de Textos y en la Universidad, fue profesor de Teatro Latinoamericano, de varias materias y tutor de mi tesis de grado. Que en paz descanse. Orlando Rodríguez es el profesor que recuerdo con más afecto.

¿Qué significa el éxito para Miguel Ferrari?

– El éxito es lograr ser feliz. Eso es lo que busca el ser humano en general, ser feliz, de tal forma que si logras eso ya puedes considerarte exitoso. También de los fracasos se aprende mucho, la vida está llena de éxitos, pero también de fracasos. Los fracasos son importantes para poder valorar los éxitos, como las sombras dan valor a la luz y la noche al día. Son correlativos.

 

Miguel Ferrari se despidió con su generosa dulzura dejándonos un decálogo:

 

  • Sé tú mismo. No intentes ser lo que los demás esperan que seas.
  • Trata a los demás de la misma forma como te gustaría ser tratado.
  • Sonríe y sé amable. Se te abrirán todas las puertas.
  • No creas que lo sabes todo. El conocimiento es infinito.
  • Nunca pierdas tu capacidad de asombro.
  • La perfección no existe, pero no seas conformista. Todo puede mejorarse.
  • No te rindas. El mundo es de los que perseveran.
  • Si no huyes de los mediocres, terminarás siendo uno de ellos.
  • Las preguntas complicadas a veces tienen respuestas simples. Respira.

¡Sé feliz y deja vivir!

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