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COVID-19: Un vuelco en la vida de los EE.UU

Entrevista con Melania Suárez

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Este año la tradicional fiesta de San Patricio, herencia de los irlandeses, no tuvo acto público ni misa, ni corrida de bares. Después del invierno más cálido y seco del que se tiene registro, la pandemia del coronavirus promete convertir esta primavera en otra marca para el libro de los récords.

Melania Suárez conoce muy de cerca la vida y la política de los Estados Unidos. Desde Boston, la costa este,  nos dibuja -como buena periodista que es- el panorama de la región y el vuelco que percibe en la vida y agenda de los ciudadanos norteamericanos.

Se advierte un rotundo giro en las dinámicas naturales de la sociedad global, de la que no escapa el gigante de América. Nadie sabe si habrá una temporada de béisbol, llamado el gran pasatiempo de los estadounidenses. Tampoco se celebran campeonatos de ninguna otra liga profesional. Para Melania tal ausencia del deporte nacional por excelencia, no solo es señal del necesario re-acomodo de calendarios, sino que ha sido la mejor demostración de que esta cuarentena es algo serio, para la cual no hay excepciones. Esta pandemia «es el fin del mundo tal y como lo conocemos», reitera.

Ella aún está activa en su despacho, hasta nuevo aviso. Aprovechando el silencio abrazador a ambos lados de la línea producto del autoconfinamiento de la inmensa mayoría, contactamos por teléfono. 

 Lilian Rosales: En las primeras semanas de marzo, el mundo se ha puesto de cabeza, ¿Cómo lo están viviendo los residentes en Boston?

Melania Suárez: A medida que se anuncian nuevos casos del COVID-19, las calles de Nueva Inglaterra se han ido quedando vacías mientras se cancelan las actividades académicas y las reuniones masivas.

Con los antecedentes de Asia y Europa, muchos optaron por guardar cuarentena voluntaria antes de los anuncios que esta semana se hacen oficiales y cambian con las horas, de recomendaciones a órdenes, de horarios parciales a cierres totales. De momento se ha anunciado la clausura de los centros comerciales hasta el 29 de marzo.

Muchas personas se han aprovisionado y siguen al pie de la letra las indicaciones oficiales. Pero como siempre, todavía queda quienes creen que la pandemia es solo una gripe nueva y que los medios no hacen más que alarmar.

¿Los norteamericanos también se han apuntado a la fiebre del papel higiénico?

Al igual que en el resto de la geografía mundial, las compras compulsivas y nerviosas hacen lo suyo. Por primera vez en su vida, una generación de estadounidenses conoce lo que es el desabastecimiento y ve cómo desaparecen la carne y el pollo, toallas de papel, pasta, enlatados y detergentes.

En un sistema capitalista y furiosamente consumista, por primera vez las autoridades imponen controles al consumo. La locura del sobreabastecimiento y la consecuente escasez de productos básicos —sí, incluyendo el papel higiénico— han obligado a limitar la cantidad que se puede comprar.

Como siempre y en todo lugar, ante la amenaza los más vulnerables continúan siendo los ancianos y los de menos recursos. Las autoridades consideran establecer horarios especiales para que las personas de mayor edad puedan hacer sus compras con más tranquilidad y sin gran riesgo de contagio.

¿Cómo ha incidido esta pandemia en la agenda informativa?

Las elecciones presidenciales, el cambio climático, las finanzas y otros temas prioritarios de los norteamericanos han dado paso a la información casi obsesiva sobre el COVID-19. Ni siquiera las grandes caídas de los mercados accionarios ha tenido la relevancia de otros tiempos.

¿Cómo percibes a pie de calle la incertidumbre? ¿Cuál crees que es el impacto económico de la pandemia?

Las pequeñas empresas y muchos trabajadores tienen un futuro incierto durante la paralización económica que poco a poco empieza a impactar en los bolsillos de los estadounidenses. Esto ha llevado al gobierno del presidente Donald Trump a tomar medidas como la reducción de las tasas de interés a casi cero por ciento.

A los correos llega toda clase de mensajes anunciando medidas paliativas para la crisis. Por ejemplo, la compañía eléctrica local ha informado que esperará hasta finales de abril para suspender el servicio a las empresas o personas que se retrasen en sus pagos. Los seguros médicos anuncian que la detección y el tratamiento para el COVID-19 serán gratuitos. Los médicos y bancos ofrecen alternativas en línea a las consultas personales. Las iglesias y los gimnasios han anunciado el cierre total.

El desconcierto y la incertidumbre se perciben en los noticieros de televisión. Los meteorólogos pronostican buen tiempo… para no hacer nada. La única noticia deportiva es que un nuevo atleta haya dado positivo en coronavirus.

Lo que no dice la televisión lo gritan los memes en las redes sociales: de ocurrir una pandemia en Estados Unidos, no habrá recursos para salvarnos a todos, no hay suficientes camas ni ventiladores ni mascarillas ni dólares. El 60% de los estadounidenses viven de su trabajo diario y no tienen suficientes recursos para cubrir una emergencia de 1000$ . El mayor temor es que la recesión económica producto de la pandemia cobre más muertes y más bancarrotas que el virus mismo.

LR: En la carrera científica mundial por encontrar remedio a la enfermedad ¿Qué puedes decirnos acerca de la iniciativa del país a este respecto?

MS: Un laboratorio en Massachusetts ha comenzado las pruebas de una vacuna que ha desarrollado en tiempo récord, pero habrá que esperar al menos un año para que esté disponible en el mercado.

LR: ¿Para cuándo se estima el fin de esta tragedia?

MS: Los más optimistas anuncian el regreso a la normalidad para fines de marzo, aunque las autoridades admiten que es posible que esa normalidad no llegue hasta mayo o junio.

Por lo pronto, la mayoría se prepara para una cuarentena de dos semanas con el espíritu de quien espera una tormenta prolongada de nieve. Este es el Noreste, fundado por cuáqueros habituados al rigor de los elementos y al trabajo duro.

Como buenos cuáqueros, tienen fe en que después de la tormenta, vendrán buenas noticias en la contención del coronavirus. Mientras tanto, la verdadera afición nacional en esta primavera será hacer compras en Amazon y romper otro récord: ¡hacer rico al hombre más rico del mundo!

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