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Choi Xooang: Metáfora, existencialismo y denuncia

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Paseando por las zonas del “Eixample” de Barcelona  he vuelto a quedar atrapada por una  pieza escultórica de una de sus galerías. Exhibida en la cristalera, me condujo de cabeza hasta el fondo de la sala, y aunque se trataba de una pieza solitaria del escultor emergente de origen coreano Choi Xooang  que formaba parte de aquella colectiva, tenía la fuerza suficiente para despertar todo mi interés.  Tenía una vaga información acerca de su trabajo sin oportunidad alguna de contemplarla directamente. The Girl (pieza exhibida),  era una cautivadora mujer al desnudo, rebosante de expresividad y minuciosidad que pese a sus pequeñas dimensiones, estaba allí tentando mi irrefrenable curiosidad.

Y es que como buena parte de las obras de Xooang, en The girl se encuentra cierta delicadeza- derivada del material de plastilina de polímero con el que están hechas – conviviendo con la dureza de sus representaciones y temas abordados. Son  preocupaciones del autor, desde las políticas de género hasta la  insania de la sociedad actual y  el costado patológico que parece caracterizar la contemporaneidad. Choi Xooang dota a muchas de sus piezas de expresiones tendientes al grotesco, haciéndolas lucir  como salidas de una pesadilla que se percibe real.

En sus manos desmembradas y unidas entre sí para formar encarnadas alas (The Wing) o en sus cabezas sin ojos (varias piezas de la serie Islet of Asperger), se revela la angustia, la soledad, el sentido del espíritu humano constreñido y vapuleado. Ninguna de sus esculturas deja indiferente a quien tiene la oportunidad de admirarlas. Es un trabajo que sin duda, desconcierta y perturba. Que resulta fascinante cuando nos conduce a la reflexión desde ese impactante grado de remoción que genera en nosotros. El artista consciente de esto manifiesta: “Si uno se siente incómodo física o mentalmente al ver mi trabajo, diría que funcionó″.

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Buena parte de los creativos capaces de mover las entrañas del público a través de mensajes poderosos y tremendos, suelen ser víctimas de las malas interpretaciones y Xooang no ha sido la excepción. Sus piezas que pueden requerir más de cinco meses hasta ver la luz, han sido comparadas de la manera más burda con el género cinematográfico de terror, esto debido a las expresiones que muestran sus representaciones humanas y a los elementos que en ocasiones expone, como  en el caso su pieza The Wing. El autor refiriéndose a ella,  señala que su interés fue el de abordar  aspectos relacionados con el  valor social y con el sacrificio personal, tanto desde la perspectiva de la sociedad como desde la propia del sujeto individual. Y añade que le motivaba la idea de  que “aquello que puede percibirse como un sacrificio sublime, en realidad puede ser muy cruel para un individuo».

Se trataba de una obra destinada originalmente a conectar con la parte posterior de su otro trabajo El Héroe (2009), un retrato personal y sincero de su padre, quien siendo funcionario público atravesó la época más turbulenta del desarrollo de la sociedad coreana.

Para comprender los conceptos que manejó en ambas creaciones resulta de importancia aproximarse a la apreciación que el artista tenía acerca de su padre y como The Wing surge como resultado. Para el escultor su padre probablemente había sido devorado por la propaganda social, experimentaba una falta de control sobre su propia vida y mostraba una mentalidad de víctima. Esta condición le habría estremecido como artista y llevado a reflexionar acerca de la relación entre el individuo y la sociedad o el país al que pertenece. En consecuencia, habría decidido separar el ala de la “existencia individual” para hacerla enfrentar a esa idea colectiva,” la verdad del ala” (una carga que presionaba sobre sus hombros) como él mismo refiere.

En medio de lo impactante de su obra, Choi Xooang ha sido blanco de acusaciones por el uso que hiciera del conocido síndrome de  Asperger para su serie  Islet of Asperger, exhibida por primera vez en Seúl en 2010. Para algunos críticos se trataba de una representación grotesca que ofendía al colectivo afectado. Él, para defenderse, insistió  «Solo tomé prestado el nombre ‘Asperger’ porque es una palabra que tiene dos significados: tener problemas con la comunicación pero también ser muy especial», agrega. Una polémica saldada al parecer por el rotundo éxito que va adquiriendo este artista en la escena internacional quien con su propuesta  ha logrado exponer con una inusitada potencia temas que afectan a la humanidad en toda su extensión,  problemas  que nadie parece estar exento de sufrir.

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Originario de la ciudad de Seúl (1975), Xooang pretende captar la atención de un auditorio internacional denunciando desde una representación que es casi visceral, la pérdida de derechos fundamentales, en sus figuras que han perdido la capacidad de ver y hablar, introduciendo el concepto de “estado vegetativo”. Sumidos en él, pese a respirar y en ocasiones sonreír o llorar, los individuos pueden hacer bien poco, o probablemente nada, para expresarse y hacer uso de la propia  libertad, inmersos en sociedades estandarizadas y profundamente controladoras.

La obra de este interesante creativo se distingue, no solo por el hiperrealismo de sus representaciones sino por las metáforas contenidas en ellas, y lo más curioso, por la interacción  que existe entre cada una de sus piezas  al yuxtaponerse en determinados contextos.

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Refiriéndose a su propio trabajo el escultor señala “Lo que podría parecer brutal a primera vista es, en realidad, mi método para tratar esas heridas y cicatrices (de la sociedad y del hombre percibidas en los entornos que observa), con la esperanza de evocar la compasión y la comprensión de los espectadores. Creo en este método de expresión que es exhaustivo en la prestación de cada detalle del movimiento y la superficie del cuerpo humano: esta es una forma muy poderosa de acercarse a los espectadores casi directamente, literalmente piel con piel. Cuando estas figuras forman un grupo, por ejemplo, como en una exposición, espero que los espectadores puedan sentir que se encuentran con otras personas en lugar de ver figuras escultóricas, a veces simpatizan con ellas y a veces se dan cuenta de sus propios aspectos internos reflejados en ellas”.

Para el artista coreano el cuerpo (humano) nos proporciona señales que superan a lo meramente físico y que nos hablan de cómo se perciben los sujetos a sí mismos, y cómo a los demás, al cuerpo social al que pertenecen. Es entonces, la mejor manera de comprender sus costumbres y su forma de pensar. Respecto a este señalamiento destaca cómo la crisis volátil de nuestra sociedad ha quedado reflejada en la obsesión o negación del propio cuerpo cuando  los individuos están cada vez más empeñados en transformarlos.

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La fascinación que produce su obra se explica en el desarrollo narrativo que parece  sustentarle. En ella es posible ver desvelada parte de la historia compleja del nosotros y de la naturaleza particular del individuo, en tanto que indaga los problemas del yo y del otro; también son abordados de manera clara los fenómenos de la comunicación y el aislamiento. En resumidas cuentas la naturaleza humana en su sentido individual y colectivo. Superando las indagaciones sociológicas y filosóficas, también cobra vida en su trabajo  el componente histórico-político de su país, en particular en lo que respecta  al cambio radical experimentado tras la llegada de la democracia en 1987.

Sin embargo, lo que nos resulta más inspirador es descubrir cómo  las esculturas de Choi que parecieran motivadas por la fenomenología de la sociedad humana en una primera instancia, va derivando hacia una preocupación por el asunto existencialista del ser humano en sí mismo. Su dimensión parece expandirse hacia un territorio cuya vastedad es imponderable.

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El trabajo de este artista emergente salido de la Universidad Nacional de Seúl,  ha sido visto en colectivas e individuales en países como Nueva York, China, Francia, Bélgica, Korea, Singapur, Dinamarca, Alemania y Rusia, desde que realizara su primera exposición en 2002. Si estás en Barcelona, puedes apreciar una de sus piezas ( The Girl) formando parte de la exposición colectiva Don´t Touch This! abierta al público en 3 Punts Galeria hasta el 16 de febrero.

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