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Carmelo Chillida. Rojo como la cabeza de un fósforo

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Carmelo Chillida (Caracas, 1964) se afana en “Rojo como la cabeza de un fósforo” en una denuncia convertida en poesía. A un costado de su polivalente y nutrida obra creativa que habita entre la lírica y el ensayo, entre la traducción, la crítica del arte, y el artículo, el escritor caraqueño da cuenta del propio testimonio ante la tiranía y nos asoma probablemente a su pensamiento más subversivo.

Ya en “El sonido y el sentido” (1997), Chillida nos había revelado ese estilo directo, realista y humano que retoma este Primer libro de poesía política sobre Venezuela, donde vuelve a posicionarse entre la confrontación y la crítica, el compromiso y la ética. También rescata para este poemario una pertinente reflexión vertida en artículo “El Ministerio de la Felicidad Suprema o el uso perverso del lenguaje” que habría o publicado ya en la revista digital de la Asociación de Profesores de Español «Francisco de Quevedo» en 2016.

Y es que con estas ideas y experiencias vigentes, gravitando y adquiriendo distintas posibilidades y formatos, el autor llega a una lírica sincera que despierta la verdad, poderosa y sobre todo, recopilatoria de un sentir a pie de calle en la ciudad de Caracas.

El poeta y crítico español, ganador del Premio Luis Cernuda José Luis Morante, y quien presentará el libro en Madrid este mes destaca:

“El poemario ‘Rojo como la cabeza de un fósforo’ se asoma al imaginario social y político (…) para hacer del poema un grito colectivo y solidarizarse con una geografía que sufre en su mapa físico el virus de una doble tiranía”.

Se trata de un buen puñado de versos en sincronía con el sobrecogimiento de un país ante la tragedia de su devastación. Para la ocasión, el autor ha apelado con gran atino a sendos referentes históricos, propios de los sistemas totalitarios. Calígula, Nerón, Cayo Julio César le sirven en la tarea de perfilar el sujeto de poder que se torna en potente revulsivo por su crueldad ilimitada, por sus increíbles, dañinas y rebuscadas ocurrencias para mantenerse aferrado al mando.

Es de este modo como Cayo Julio César, el dictador vitalicio por antonomasia, regresa convertido en el arquetipo del dictador venezolano. Igual de erguido, desafiante y ufano, con ínfulas de intocable en su condición de Pontifex Maximus, rodeado de tropas conminatorias, y de un entorno de aduladores que enaltecen sus “mal llamadas” gestas y anuncios en el mejor estilo orwelliano de neolengua.

“Es un libro escrito viendo lo que ocurría a mi lado todos los días (en Venezuela). Pero es también un libro sobre el poder, sobre el fanatismo y la perversión del lenguaje por las ideologías, cualesquiera que sean”, describe el autor.

Porque cuando creímos haber dejado atrás el acoso y las estratagemas lingüísticas del Gran Hermano de 1984, la célebre novela de George Orwell, descubrimos a nuestro pesar que en pleno siglo XXI aquello parece estar más vigente que nunca. Estamos aterradoramente alejados de los ideales de Confucio, para quien la primera condición de un buen gobierno era justamente la correspondencia precisa entre las palabras y lo que estas nombran. Y Chillida da cuenta de ello, de ese verbo acomodaticio de las ideologías para pervertir permanentemente la realidad, así como de su ojo avizor.

El país en el que habitan sus poemas es un territorio desnudo y desvalijado, a merced de un modelo político fallido que arrasó en su fanatismo y ambición todo patrimonio cultural y económico. Plenos de incorrección política, sus versos advierten desde el testimonio y el riesgo asumido por el autor. Es la experiencia vivida y también la compartida, acerca de aquella pesadez de muerte y destrucción que embarga a un pueblo, de todo este dechado de crueldades, sangre y atropellos.

No en vano su prologuista, la escritora cubana Zoé Valdés, señala entorno a este trabajo:

“En tiempos de púrpuras revoluciones no hay nada más supuestamente peligroso que un poeta, con sus poemas subversivos que desmenuzan y desacralizan lo cotidiano, y colocan la Historia en su lugar».

El poeta no solo hurga en la ruina, sino en la implosión de lo social, uno de los más deplorables alcances de esta incontenible violencia, para subvertir aquel orden que no es más que incoherencia repetida. Chillida habla de la angustia y el pasmo ante la ruina. Él escribe desde sus vísceras pero sin desbordarse, aunque el relato que soporta aquellos versos sea la historia descarnada de un país que languidece vertiginosamente y se torna estéril bajo el mando de sus césares, y del simbólico manto rojo que adquiere sendas connotaciones.

Salvador Galán Moreu en el epílogo, y desde su óptica personal, señala: “el poemario es un cántico contra la monocromía” y resalta entre estos versos: “el rojo que tiñe las prendas, las banderas, la plaza tomada (…) el rojo de la imposición totalitaria”.

En “Rojo como la cabeza de un fósforo, el discurso lírico no solo bebe del sentir colectivo y escudriña con vocación crítica el contexto histórico, sino que se proyecta indiscutible contra la pasividad para subvencionar el coste de los sueños y la desobediencia frente a los opresores. Nos devuelve en un espejo la imagen del hastío, y con la misma fuerza subraya la capacidad que tenemos de plantarnos con un no.

«Rojo como la cabeza de un fósforo», de Carmelo Chillida con ilustraciones de Natalie Rocha Capiello es editado en España por Kalathos Ediciones, y será presentado el miércoles 17 de octubre en el Centro de Arte Moderno a las 19:30h.

Carmelo Chillida ha publicado El sonido y el sentido (1997), Versos caseros (2005), ¿Un poema de amor? (2011) y Desde el balcón (2013). Coordinó por muchos años el suplemento Literales del diario TalCual en Venezuela y ejerció la docencia por más de 20 años en la Universidad Central de Venezuela. Hoy reside en Madrid.

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