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BIBLIOBURRO. Un Quijote en Colombia

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En 2013 publiqué una nota para una revista impresa de Barcelona acerca de la increíble iniciativa de un colombiano enfrentado al gigante del analfabetismo en el Departamento de Magdalena de Colombia. Muy pocos medios y demasiadas ganas habían sido suficientes para tamaño emprendimiento. Cinco años más tarde, esta historia sigue cautivando mi atención en tanto que ha demostrado ser el resultado de la constancia más absoluta. Decidí entonces rescatar la historia de Luis Humberto Soriano Bohórquez, el modesto maestro que sobre el lomo de un par de burros (Alfa y Beto) -animales históricamente asociados con la ignorancia- ha construido una hermosa paradoja con el nombre de Biblioburro en la idea de llevar luces hasta los niños más desfavorecidos de los remotos territorios colombianos.

Cada sábado al alba, tras el primer canto del gallo, Soriano sale de casa cargado con 120 libros rumbo al Magdalena medio, cruza senderos intransitables para llegar hasta las verdaderas víctimas de los enfrentamientos armados, los «pelaítos» olvidados por las políticas de Estado. Un recorrido que puede superar las 8 horas y más de 11 km de ríos crecidos, serpientes ponzoñosas y otros tantos peligros en una región en la que conviven campesinos, guerrilla y paramilitares, pero donde los pequeños lucen iguales sin importar a qué actividad se dediquen sus padres.

Biblioburro parece arrancado de una página del propio García Márquez donde lo fantástico adquiere profunda verosimilitud. Es una historia de nervio, paciencia y  fascinación, de generosidad y compromiso en medio de un escenario cruzado de secuelas dejadas tras la cruenta insurrección armada que allí se vivió, entre el ELN, las FARC y nueve grupos más, armados e ilegales; una historia de edificación del espíritu en medio del dolor y la pobreza que regó la contienda a su paso. Es Biblioburro una  fábula que ilustra el poder de la fe en las propias ideas: contra toda adversidad y Soriano ha querido ser el portador de una doctrina capaz de transformar desde las entrañas de su país, la vida de los hombres, estimulando la mentalidad crítica e imaginación en los más chicos.  Decidido a luchar contra los molinos de viento, se ha convencido de que es absolutamente posible convertir a «campesinos en ilustrados capaces de decidir el rumbo de sus vidas» sin arrancar las raíces de la propia tierra para reconstruir así un país.

 ¿Cuándo sentiste ese llamado que te llevó a desarrollar Biblioburro?

LUIS SORIANO: “El proyecto nace de la necesidad que había en La Gloria Magdalena y en varias veredas donde no había suficientes escuelas ni docentes, los niños iban quedando literalmente analfabetos y eso me preocupaba. Yo tenía 70 libros en mi casa y la idea de compartirlos con ellos, así que una mañana tomé dos burros que tenía sin hacer nada, les puse dos borriquetes y me lancé a la gran aventura que yo mismo bauticé como Biblioburro. Creo que esa gran necesidad me llevó a hacerlo una realidad”.

Luis Soriano y su proyecto Biblioburro en el Magdalena
Luis Soriano y su proyecto Biblioburro en el Magdalena

Oriundo de Valledupar (Dpto del César), Soriano ha pasado la mayor parte de su vida en La Gloria Magdalena, un pequeño pueblo rural al norte de Colombia, afectado por la miseria, el crimen y los enfrentamientos armados. Y aunque vivió un exilio forzado por la violencia, regresó en 1997. Un año más tarde como el primer bachiller de Nueva Granada (Magdalena), el alcalde lo nombraría primer maestro de la municipalidad.

Junto a su esposa Diana Arias, a quien reconoce sendos esfuerzos, y sus tres tesoros (como llama a sus hijos) ha echado hacia adelante a Biblioburro, al tiempo que ha obtenido la licenciatura en Español y Literatura en la Universidad del Magdalena, y realizado seminarios sobre educación y su impacto en la sociedad.

La fe en la educación como herramienta de cambio le viene a Soriano de su propia experiencia. Para él aquella pobreza y violencia no le ha sido extraña y tal vez en ello radique su empático y eficiente hacer sobre el terreno. La aproximación a los niños mediante la lectura, la instrucción y la siembra de hábitos positivos pasa por un acercamiento a los familiares y padres en la tarea de incentivar el interés por aprender, muchas veces traducido en jornadas de clases para adultos. El amor de este hombre por la gente de su país es incuestionable. Los niños recorren a la carrera largas distancias con el solo fin de saludar al maestro repleto de libros.

Para una familia que vivía con el modesto sueldo de un maestro de escuela, las donaciones serían el único recurso para incrementar el banco de libros, hoy catalogado y almacenado gracias al concurso de toda la familia. «Cuento con más de 9000 libros. Biblioburro se ha institucionalizado y lo estamos llevando a comunidades indígenas y a más niños en el departamento del Magdalena» expresa Soriano con orgullo.

Biblioburro un proyecto que lucha contra la pobreza y el anafabetismo
Biblioburro un proyecto que lucha contra la pobreza y el anafabetismo

Esta hazaña tremendamente filantrópica y sin pretensiones iniciada hace más de dos década ha convertido al maestro de escuela en un Quijote -como se autodenomina-  que enfrenta al escepticismo regando ilusiones y abriendo los ojos de aquellos pequeños cuya miseria les ha impedido acceder a mejores condiciones de vida.

Dificultades no han faltado

«Dificultades claro que han existido. Comenzando porque a muchas personas a quienes no les gusta el progreso y la educación me han señalado pensando que lo que realizo es inútil. Las condiciones geográficas y la seguridad pueden llegar a complicarlo todo también. En esta región llueve mucho, por lo que recorrer las veredas y trochas se hace a veces tarea difícil. Por otro lado, me han robado, en una ocasión varios computadores de Biblioburro Digital. Aun así sigo adelante».

Desde los años ´70, la guerrilla del ELN se posicionó en la zona y permaneció hasta finales de los ´90 cuando fue desplazada por los paramilitares. Este grupo llegó a la región con la excusa de acabar con uno de los principales focos de subversión ocasionando desplazamientos, usurpando territorios y cometiendo verdaderas masacres.

«Quiero un país transformado por la educación»

A 20 kilómetros de la carretera, multitud de niños atravesados por esta situación de ferocidad, que han vivido en el miedo y el abandono del Estado, son alcanzados por Alfa, Beto y Soriano. El profesor narra historias sencillas en medio de un país complejo y conflictivo, presta sus libros y les estimula a contar historias, a liberar sus traumas. Quiere cambiarles la vida a los hijos más pequeños y pobres de Colombia. Bajo los árboles, nunca la cultura llegó con mayor efectividad a aquel país. Pequeñajos de todas las edades, regados por los suelos yacen atentos a lo que cada página tiene para contarles.

A este hombre que hace 23 años se planteó tamaño desafío, ni la pérdida de una pierna por una osteomielitis tras la caída de Alfa, ni el dolor que ocasionaba tal lesión,  le han detenido. Sostiene que los designios de Dios hay que tomarlos con resignación. Ha visto de frente a los paramilitares armados impidiéndole continuar, pero él decidido ha regresado al día siguiente convencido de que ellos se sienten amenazados con la mente ya que «ilustrar a un campesino es armarlo también. El desconocimiento es una parte vulnerable, pero cuando conoces las leyes estás armando a una persona a través de la intelectualidad»– dice. Pareciera que lo único capaz de detenerlo en su camino podría ser la naturaleza testaruda de sus borricos negándose a avanzar…

Alfa y Beta, los grandes protagonistas de Biblioburro
Alfa y Beta, los grandes protagonistas de Biblioburro

Afortunadamente en octubre del año pasado le fue donada por Jordan Thomas Foundation una prótesis para aquella pierna izquierda que había perdido. La fundación que se hizo cargo de todos los gastos, permitió a Soriano viajar a los EEUU para el procedimiento  y consulta médica. El viaje que en un principio se trataba de un asunto de salud, se trasformó en una excelente oportunidad  para visitar varias escuelas y bibliotecas en 2 estados de Norteamérica en compañía de Henry Candanoza, quien le ayudó como interprete y en las actividades que hicieron de aquel viaje una vivencia enriquecedora y fructífera.

¿Cómo ha evolucionado el proyecto?

«Desde 2010 trabajamos en el nuevo programa llamado Biblioburro Digital, hoy ya  contamos con 5 computadoras, 3 proyectores, 4 plantas eléctricas y cinco ventiladores.  Pretendemos enriquecer el conocimiento de los niños mediante el uso del ordenador como herramienta de trabajo, y generar en ellos distintas percepciones sobre el aprendizaje. También celebramos jornadas de alfabetización y llevamos hasta los diversos poblados el Cine a las Estrellas con la firme idea de que los niños disfruten de espacios para la interacción y la cultura». El Cine a las Estrellas junto con Biblioburro Digital, le están cambiando la cara a la comunidad en cuanto al uso de la tecnología como herramienta para fortalecer el aprendizaje. Soriano destaca el logro alcanzado con la alianza celebrada con la Caja de Compensación Familiar, de tal manera que ellos les facilitan el un autobús que han bautizado como Bibliobús para desarrollar junto a Biblioburro una jornada cada 15 días.

Luego de esfuerzos en solitario junto a su familia, la Caja de Compensación Familiar del Magdalena brindó su apoyo y replicó la iniciativa hacia la Sierra Nevada de Santa Marta, creando las Bibliotecas Rurales Itinerantes Biblioburro. Actualmente buena parte de los libros que ahogaron su propia casa, son guardados en una biblioteca (kinchukwua) y se van rotando por 8 escuelas públicas (en Piñumuke, Kurakatá, Atiurumuke, Makogeka, Zigkuta, Jeurwua, Gamuke y Busingekun). Textos de segunda mano, en su mayoría procedentes de donaciones, con los que se benefician alrededor de 400 personas al mes por poblado.

Escuela pública que participa en el programa de Biblioburo
Escuela pública que participa en el programa de Biblioburo

Pero acceder a los diversos rincones de la Sierra a más de 5.600 metros de altura, resulta difícil sino imposible mediante el uso de vehículos. Las distancias pueden significar dos días de viaje hacia los enclaves donde se encuentran las escuelas estatales. La idea continúa siendo el poder cubrir mediante el proyecto las 32 escuelas de resguardo y mejorar sus dotaciones poco idóneas, por lo que las ayudas resultan de vital interés.

El proyecto que alguna vez fue visto con recelo, ha trascendido fronteras y encontrado eco en Singapur, Timor del Este, Bolivia, Chile donde no hay burros sino Bibliollamas y en Italia, donde el burro se llama Serafino.

¿Qué tipo de ayudas has percibido?

«Las ayudas han sido pocas, la mayoría libros y capacitaciones, espero más porque sé que eso es posible. Solo quiero fortalecer el proyecto, que la tecnología haga parte del mismo: computadores, E-Books, memorias USB, proyectores, Tablets,… con el fin de optimizar la enseñanza. Precisamos de equipar la biblioteca Biblioburro con todo lo que habría de tener: comodidad, tecnología, bases de datos, salones de charlas y conferencias”.

Biblioburro ha estimulado el interés por la lectura y el aprendizaje
Biblioburro ha estimulado el interés por la lectura y el aprendizaje

“Trabajamos con mucha dificultad, con mucho esfuerzo y necesitamos recursos urgentes para poder reparar nuestra sede que tiene serios problemas” clama Soriano, mientras hace referencia a la apertura de una campaña en línea para recaudar fondos con los que también pretende llevar a cabo el Primer Picnic de Lectura en el Departamento. A fecha de hoy cuando compartimos esta nota, solo han logrado recaudar 390 dólares de los 3000 que tienen por meta.

Has declarado que con este tipo de iniciativas se puede transformar a Colombia ¿Has visto cambios sustanciales en este sentido?

«Por supuesto. Los cambios han sido significativos, la tasa de analfabetismo ha disminuido. Hasta 2014 de cada 15 niños de veredas y fincas cercanas la mitad no sabían leer ni escribir, hoy más de la mitad lee y escribe bien, y están vinculados a nuestros programas. Hay organización, planificación, se capacita a las personas y sobre todo, la forma de pensar ha cambiado. Ahora existe un verdadero interés por aprender y conocer nuevas formas de ver al mundo”.

A la sombra de un árbol, Luis Soriano imparte clases
A la sombra de un árbol, Luis Soriano imparte clases

El Magdalena es uno de los departamentos de Colombia con mayor incidencia de pobreza según las fuentes del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) y uno de los territorios severamente afectados por los conflictos armados. Amenazas, persecuciones, masacres, homicidios selectivos, violencia sexual, desplazamiento y limpiezas sociales dominaron la región dejando una huella imborrable en los sobrevivientes. Pese a que se estima una disminución de la pobreza extrema en esta zona, no cabe dudas de que se trata de un problema severo, las familias pobres carecen de oportunidades de empleo, deben por ello trabajar en el campo con un sol muy ardiente en labores muy fuertes, o vender objetos a orillas de las carreteras. Son éstas sus principales fuentes de sostén, las que no aseguran la ruptura del círculo vicioso.

«Mi departamento fue golpeado por el fenómeno del paramilitarismo, fueron años de terror, miedo, torturas, incertidumbre, muchos niños vieron a sus padres al ser asesinados, obviamente esto deja secuelas y creo que se requiere también de expertos y especialistas para contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestras comunidades y lograr cambios verdaderamente sustanciales».

¿Cuál ha sido la respuesta del Estado?

«Ha sido positiva aunque es necesario mayor compromiso para hacer que este proyecto tenga fuerza y se pueda expandir a todos los lugares recónditos de Colombia donde hay necesidad por prepararse. Pero es una realidad, la educación en los lugares remotos está casi que olvidada».

Un estudio realizado por docentes de las universidades de Harvard, Los Andes y del Rosario de Colombia y publicado en 2013 que analizó la educación en ese país, señaló ya para aquel momento que las desigualdades económicas y sociales estaban generando preocupantes brechas en la calidad de la educación (El Tiempo, 2013). Las diferencias de escolaridad entre niños rurales pobres y niños urbanos de colegios de élite continúan siendo sencillamente escandalosas aún  hoy. El sistema educativo parece diseñado para maximizar estas diferencias en vez de atenuarlas desde la raíz. «Muchas promesas pero los resultados no son los esperados. Solo promesas» añade el maestro.

Algunos te tildaban de loco…

«Ahora están viendo resultados positivos, piensan diferente. Han entendido que este proceso ha sido de beneficio para todos. Les he demostrado que con educación se puede cambiar un pueblo».

Uno de los grandes retos que enfrentan los gobiernos colombianos, sean del color que fueren,  es alcanzar los objetivos de las políticas integrales de desarrollo social y erradicación de la pobreza en aquellas áreas que han sufrido desplazamientos forzosos a consecuencia del  conflicto armado. El Magdalena, con la Sierra Nevada de Santa Marta, se encuentra inscrito dentro de estos territorios.

Los niños del Departamento Magdalena en jornada de Biblioburro
Los niños del Departamento Magdalena en jornada de Biblioburro

A pesar de que las cifras recientes del DANE señalan una disminución de la incidencia de la pobreza en el Departamento del Magdalena, de 50% (2016) a 48,5% (2017), la pobreza extrema en 2017 fue del 16,2% frente al total nacional de 7,4%. Nótese el gran impacto que tiene sobre ese territorio en particular, y su relación con las cifras nacionales, lo que le convierte en uno de los más castigados de todo el país.

El indicador que se utiliza con más frecuencia para medir el grado de desigualdad en la distribución del ingreso es el coeficiente Gini. Para el año 2017, en Magdalena, el coeficiente fue de 0,485 mientras que a nivel nacional, para la misma fecha fue de 0,508.*

Se precisa de esfuerzos contundentes y heroicos para lograr superar este flagelo. Una de las preocupaciones de Soriano es: ¿Qué hacer para retener en el campo a los jóvenes de ambos sexos, cuyas expectativas de vida, de educación  y de trabajo los llevan a emigrar a las ciudades?

Este problema es aún más pertinente en el momento actual, si se tiene en cuenta que no son pocos los niños y jóvenes que se enrolan voluntariamente en grupos armados ilegales, ante la falta de un presente y un futuro medianamente satisfactorios, alimentando este círculo vicioso y violento.

Al margen de las políticas de Estado que llevan su tiempo y requieren de ingentes acciones burocráticas, Luis Soriano va a la suya con un no menos valioso esfuerzo, porque Biblioburro trascendiendo el objetivo de instruir, educa en la cultura de la paz y para la paz, llevando consciencia a donde el Estado si acaso un día llevó promesas vanas.

En cuanto a los daños psicosociales, la presencia paramilitar  instauró una cultura de guerra, hoy la comunidad pide un plan de acción que la desarticule. Pese a que buena parte de los daños colectivos sufridos por las víctimas son irreparables, Soriano dice a los pequeños «ahora, vamos a dejarlo atrás. Tenemos que vivir en el presente y demostrar que los colombianos son buena gente. Colombia debe cambiar». Mientras desde el Ministerio Público de Colombia como de las diversas dependencias involucradas a lo largo de estos años se habla y se presentan propuestas de reparación para las comunidades afectadas del Magdalena Medio, los burros que sirvieron a la guerrilla para transportar explosivos y exterminar a inocentes, cargan desde hace ya 21 años, libros e historias desparramando ilusión monte arriba.

 Biblioburro trascendiendo el objetivo de instruir, educa en la cultura de la paz y para la paz, llevando consciencia a donde el Estado si acaso un día llevó promesas vanas.

«Mi mayor sueño es dejar una generación de personas preparadas, médicos, deportistas, políticos, ingenieros, artistas, etc., que sean los mejores, que lleven en alto la bandera de Colombia y nunca olviden de donde vinieron. Quiero que haya paz, que todo el conflicto de nuestro país se acabe y podamos ver una nación preocupada más por educar, por amar, que por el color de un partido político, las creencias religiosas o el color de la piel… Quiero un país transformado por la educación» señala Luis Soriano.

Bien lo dijo el Nobel de la Paz Nelson Mandela: «La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo» y Soriano también así lo entiende.

Si deseas conocer más acerca de Biblioburro: https://youtu.be/yARvFzr2UoU ( Video de Al Jazeera)

Si deseas colaborar con la más reciente campaña de Biblioburro puedes hacerlo a través de: https://www.gofundme.com/biblioburro-and-the-reading-picnic

 

*Fuente: https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/condiciones_vida/pobreza/2017/Magdalena_Pobreza_2017.pdf
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