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Avelina Lésper y la fecunda polémica

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La crítica mexicana Avelina Lésper denuncia la existencia de un mercado especulativo del arte que encumbra obras sin valor estético inaugurando así un nuevo capítulo en la discusión y el pensamiento del hecho artístico contemporáneo.

¿Crees que alguien que vende sus orines como arte quiere que esto termine? Esta frase lapidaria de Avelina Lésper para una exclusiva del ABCColor de Paraguay escrita por Samuel Borssini, resume el argumento sostenido por la crítica de arte mexicana en torno a la dudosa calidad de los productos artísticos comercializados por marchantes y galerías del momento, quienes como corredores de bolsa o vendedores de terrenos, especulan con commodities en lugar de arte mientras instituyen una argumentación que asegura su permanencia en el circuito que le sirve de útil ecosistema.

Y es que Avelina Lésper en los últimos años ha calificado enfáticamente al arte contemporáneo como fatuo, pretencioso y frívolo, convirtiéndose así en una de las más fervientes detractoras de las corrientes vanguardistas y del readymade.

Reconocida por todos los medios del mundo desde que apareciera en una crítica hecha en You Tube y más tarde, tras el lanzamiento de su libro El Fraude del Arte Contemporáneo (1016), Lésper es temida y adorada por su verbo pulsátil y directo. Destaca en su apasionado dictamen que el fundamento del dogmatismo, dueño de la escena artística contemporánea, no es otro que la ausencia de análisis y juicio por parte del público amén de su sumisión intelectual a la retórica que le soporta. Premisas como éstas son las que a la contestataria Lésper le sirven para validar su cuestionamiento acerca de la excesiva oferta artística, del incremento de oportunistas, quienes sin ser artistas se venden como tales, y del speech de los curadores interesados en legitimar la mediocridad y la estafa presentada como piezas de valor en bienales, ferias y museos que impedirán a toda costa la ruina de su negocio.

Pero no han tardado en aparecer críticos como Halim Badawi en manifiesta oposición a las tesis de la también articulista Lésper. Curadores como Jaime Cerón, y quien fuera adjunto en la Tate Gallery y Jurado de la 52 Bienal de Venecia, José Roca, han expresado su malestar del mismo modo. En todos estos casos, el juicio de Lésper es tildado de miope y generalizador. Sin embargo, pese al incremento de sus detractores, la postura de la crítica mexicana pareciera convertirse en la voz de una inmensa mayoría, esa que situada frente a una obra expuesta alguna vez pensó: “esto podría haberlo hecho cualquiera, inclusive yo”; Lésper presta su voz no solo a este colectivo sino también a  los profesionales de otras áreas obligados a abjurar de la propia lógica para aceptar pasivamente la argumentación que pone en valor aquello percibido como “la nada”,  y finalmente, a renegar de los innumerables artistas cuyo talento acaba tan despreciado como excluido de los circuitos de arte.

La controversia está servida. Avelina  Lésper la autora envuelta en una polémica de enormes dimensiones que ha trascendido la esfera artística, e incluso los Continentes, nos acerca a su visión y nos pone al corriente respecto al arte que domina la escena contemporánea de museos, bienales y galerías, sus implicaciones y su recomendación para los simples mortales,  en una breve entrevista para El Fisgón.

  1. De manera reiterada Ud. ha insistido en definir al arte contemporáneo como un fraude ¿qué le ha llevado a tal conclusión?

Avelina Lésper:

Las obras circunscritas al estilo “arte contemporáneo”, en la mayoría de las ocasiones, están amparadas en ideas y argumentos que nunca coinciden con lo que en la realidad son. Ideas con pretensiones sociales ligadas a una “filosofía instantánea” les son impuestas a objetos sin factura o de torpe realización para darle una apariencia de complejidad. Objetos mitificados por la teoría, entonces, que devienen en un fraude equiparable a las medicinas milagrosas, las hipotecas basura y los alimentos artificiales patrocinados por la publicidad engañosa.

La autora ha señalado en reiteradas ocasiones que el fraude al que hace alusión tiene su origen en la fiebre de la especulación financiera, en la economía de la trampa y en el abuso capitalista. Los millonarios -según sus propias palabras- parecen conocer muy bien las posibilidades especulativas que existen en el negocio del arte y se han interesado en institucionalizar unas tesis (mitología) que le resulte útil. Un espacio que, aunque restringido a una selecta élite, ha aprovechado las ventajas que ofrecen la globalización y las nuevas dinámicas de consumo impuestas en buena medida por Internet, para fomentar la aceptación dogmática, palmaria y complaciente de una abrumadora oferta de arte efímero y la legitimación de su discurso allende sus herméticas fronteras.

 Para la autora en cuestión, al formar parte de un todo indivisible, existe un paralelismo entre el mundo digital y el del arte contemporáneo cuyo  lugar común es la ausencia de una actitud crítica que, en ambos casos, se le impone al espectador/usuario quien parece no advertir tal engaño.

  1. Cómo afectan las nuevas dinámicas de consumo al arte.

AL:

El arte contemporáneo VIP, como yo lo llamo, es un producto de la pasividad acrítica que la sociedad ha adquirido ante el avance del progreso y la tecnología. Ambos, arte contemporáneo e Internet, se perciben como positivos por el simple hecho de representar la contemporaneidad. Ser “moderno” es un concepto axiomático. Entonces si se “es moderno”, se “es bueno y/o aceptado”. Sin embargo, un enorme volumen de la información que corre en las redes es falsa o adolece de contenidos de valor. Lo que le ha otorgado credibilidad es el medio, el falso reconocimiento de autoridad que emana del soporte, la gente cree en lo que lee por el hecho de verlo en sus pantallas. Con el estilo contemporáneo ocurre algo similar. La gente lo acepta “como arte” por el hecho de verlo en un museo, sin reconocer que ese objeto fuera de ese museo pierde su cualidad de arte. Podemos decir que no existe una visión crítica en el consumo de productos tanto de Internet como del arte contemporáneo VIP, simplemente se les acepta.

 

Lésper, con el término VIP (Very Important People) alude al carácter radicalmente excluyente del arte contemporáneo respecto a las disciplinas tradicionales del dibujo, la pintura y la escultura que han sido marginadas hoy de las bienales y los museos puntera. Pero ese carácter marginador excede, según sus teorías a los propios artistas, y ha saltado al gran público cuando se le exige la adopción de criterios -que toda razón lógica rechaza- para pertenecer siquiera  momentáneamente al selecto círculo de elegidos “conocedores de arte”. Se trata de un dogma de fe cuyo discurso perdura y se legitima gracias a los enormes intereses que yacen escondidos tras bastidores.

  1. Ha enfatizado en el mercado y la especulación como dos agentes perturbadores del arte en la actualidad. ¿Quiénes están detrás de este interés y cómo se sustenta económicamente el negocio?

AL:

Detrás se encuentran las instituciones como las Universidades que forman estudiantes con la idea de que esto es arte y de que ellos no están en posibilidad de cuestionarlo, al contrario, los motivan para que hagan este tipo de obras sin factura y que aprendan a desarrollar los argumentos para justificarlas.

Lésper ante la prensa ha señalado en diversas ocasiones que son los jóvenes las grandes víctimas de estos colosales intereses, quienes acaban engañados y adiestrados con la idea de ser convertidos en sujetos funcionales del mercado. De esta manera su talento se ve desperdiciado, pero no solo eso.  Al salir de las escuelas de arte, convencidos de que son artistas, si acaso solo han incorporado el speech que justifica la mediocridad sin advertir que resultan incapaces para trabajar materiales, dibujar ni pintar.

Junto a las universidades en este interés por instituir un arte que no es arte -según la artista-, están los museos que trabajan al servicio de las galerías y de la moda. También se encuentran los dealers, las ferias y las casas de subastas internacionales que promueven las obras y sus propios valores artísticos para mover dinero rápidamente. Una obra de arte cotizada por ciento de millones de dólares entonces, es despojada irremediablemente de su real valor artístico para convertirse en su valor monetario. La gente no percibe la obra sino la millonada que vale en el mercado.

Los suplementos y las revistas de arte -según la autora- fomentarían la especulación y en consecuencia, resultarían cómplices del fraude. Buen número de ellas forman parte de un negocio que promueve el lujo y son las responsables de colocar al arte en igual nivel que cualquier complemento de moda, arrebatándole ese  carácter intemporal que le ha caracterizado por excelencia. La contemporaneidad no tiene valor artístico sino comercial.

  1. Ha parangonado el fenómeno que nos ocupa con otros procesos argumentando la existencia de una burbuja. ¿Cuál cree que será su evolución?

AL:

Ya se está pinchando (burbuja), la obra de Hirst continúa bajando de precio. El problema más grande de estos objetos es que no tienen valor de reventa y ya lo han advertido los compradores. En el momento que quieren vender una de estas obras, no encuentran comprador o no la pueden vender al precio que las adquirieron. La tienen que ofrecer a un precio más bajo. Hay muchas razones detrás de esta pérdida de valor: por ejemplo que carecen de unicidad; son de fácil reproducción por parte de “otro artista”; hay muchos haciendo lo mismo o cosas similares o sea es improbable a veces la diferenciación; están hechas con materiales que se deterioran y las que dependen de la tecnología aún más. Tanto es así que es necesario rehacerlas para exponerlas; los artistas desaparecen porque no son capaces de desarrollar una trayectoria y en consecuencia, generar valor; Amén de la sobreoferta y del hecho de que las obras se han convertido en meros certificados porque el objeto en sí no existe. Se trata entonces de una larga secuencia de aspectos que señalan la inexistencia de un valor a largo plazo, la inexistencia de piezas de carácter perdurable, lo que repercute sin lugar a dudas en la exigüidad de su valor de reventa, deteriorando la inversión.Damien Hirst, Love’s Paradox (Entrega o autonomía, separación como condición previa para la conexión), 2007. Fotografiado por Prudence Cumming Associates © Damien Hirst & Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS 2011.

Damien Hirst, Love's Paradox (Entrega o autonomía, separación como condición previa para la conexión), 2007. Fotografiado por Prudence Cumming Associates © Damien Hirst & Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS 2011.
Damien Hirst, Love’s Paradox (Entrega o autonomía, separación como condición previa para la conexión), 2007. Fotografiado por Prudence Cumming Associates © Damien Hirst & Science Ltd. Todos los derechos reservados, DACS 2011.

 

  1. Dijo Bertolt Brecht “El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma.” ¿De qué manera esta tergiversación del arte que Ud. plantea afectaría la conceptualización del mundo?

AL:

Los efectos son inmediatos, se ha pedido la valorización de la belleza y la inteligencia, se sobrevalora el kitsch y la zafiedad, la ocurrencia y el chiste barato, la violencia y la vulgaridad. Encumbrar a personajes como Koons, Murakami, y sus clones en cada país, es síntoma de la estulticia social.

Existe una clara manipulación en la adjudicación de un llamado “valor artístico” a la contemporaneidad, según la autora. En esos pretendidos términos, el hecho artístico se convierte en moda, en un concepto de valor netamente comercial cuyo carácter es completamente efímero y se le contrapone.

  1. El antropólogo del arte Alfred Gell dijo “el arte es una tecnología de enchantment (cautivación o encantamiento) que atrapa a sus espectadores y usuarios en base a la exposición de la eficacia técnica requerida para su realización”, pero pareciera que en lo relativo al arte efímero ese virtuosismo ya no es necesario y el atajo de la denuncia social le sirve a los fines de ese intentar poner en valor, con calidad de arte, objetos, puestas, elementos un tanto insólitos que sorprenden hasta al espectador más audaz. Entonces, ¿el Virtuosismo ya no está?

AL:

Gell está equivocado, la “cautivación” no es un acto de circo o prestidigitación como él plantea, es el arduo trabajo de desarrollar talento, vocación, tema y lenguaje. Se trata de la inteligencia humana, una obra de arte es pensamiento puro. Hoy no existe la maestría en el arte como un valor porque esta sociedad es complaciente y adicta a lo fácil. Desechó la disciplina como ha negado cualquier esfuerzo que implique dedicación continua. La disciplina se niega como una violación de la libertad, la creatividad que se detona con el trabajo se cambió por la ocurrencia y ésta se estimula con el autoengaño. El ser “inclusivos” y políticamente correctos nos obliga a decir que todos tienen talento, y que todo tiene la posibilidad de ser arte porque es el resultado de un “sentir”. Las  obras que derivan de esta postura frente al arte, carecen de dificultad intelectual pero tampoco necesitan de la comprensión del público para existir. Y que el público las entienda o no, resulta irrelevante. Lo que realmente necesitan es del dinero de los coleccionistas y del apoyo incondicional de las instituciones. A estas obras no hay que comprenderlas, hay que verlas como lo que son, productos de la estupidez y la necedad.

El arte contemporáneo carece de complejidad intelectual, eso de que “no puede ser comprendido por la mayoría” es parte de su mito social, es la excusa en la que se amparan. Como he dicho, no hay que entenderlo, su simpleza es abrumadora. Lo que sucede es que las ideas que proponen los teóricos nunca son consecuentes con lo que vemos. Las intenciones y pretensiones no se manifiestan en la presencia del objeto. Lo incomprensible es que algo que no alcanza ningún nivel de factura y no supone de la participación de grandes competencias (inteligencia, disciplina, esfuerzo…), algo que no representa lo que dice que es, sea expuesto en un museo, que debamos guardarle tanto respeto y sobretodo, que al final de este periplo el mercado lo cotice en miles o millones de dólares. Es incomprensible que sea elitista y culpe de sus deficiencias al público mientras lo margina del museo, lo agrede con un “si no te gusta es que no lo entiendes”, le exija una sumisión acrítica para verlo como arte.

La autora mexicana subraya que estas obras están cargadas de moralismos y slóganes, y las equipara con los partidos políticos y las ONG´s. Lo paradójico es que siendo altamente ideologizadas resulten al mismo tiempo excesivamente banales y frívolas.  La demagogia de estas obras se constata en la coincidencia entre esta ideologización y el capricho del mercado. Las tendencias de la moda entonces se hermanan artificiosamente con las luchas sociales y políticas para hacer de este arte un asunto meramente panfletario.

Excremento de artista. Obra del polémico artista conceptual Piero Manzoni
Excremento de artista. Obra del polémico artista conceptual Piero Manzoni
  1. Coincidimos en que el arte se circunscribe a una era de espíritu contradictorio y pérdida de valores. En ésta donde las posturas extremas cohabitan, ganan en ímpetu y en pasión asistidas por la globalización, lo que esperaríamos es que se estimulase al menos el pensamiento crítico. Sin embargo, en términos generales parece haber una renuncia a la reflexión profunda en aras de la inmediatez. En el arte ¿existe también ese vaciamiento/envilecimiento de la obra?

AL:

El arte contemporáneo VIP es resultado de la degradación de nuestro tiempo. Apreciar como arte que un artista defeque en la sala del museo, encumbrar el readymade como la obra más importante de la estética moderna, describe una sociedad que ha abandonado la inteligencia para refugiarse en la comodidad del pensamiento preconcebido. El arte ha renunciado a su indisoluble reto: manifestar con belleza las ideas que le preocupan a la humanidad, como el tiempo y la existencia, y se ha entregado a la comodidad de un pensamiento que no le obligue a comprometerse en el plano de lo real con la sociedad. El arte contemporáneo VIP al renunciar a la jerarquía de valores estéticos e intelectuales facilitando que todo parezca arte, y obstaculizando el cuestionamiento a las obras, ha dado paso a un dogmatismo voraz donde se cree en algo que no se percibe.

  1. El documental Exit Through the Gift Shop realizado hace algunos años por el graffitero inglés Banksy – muy a pesar de que su trabajo no sea del todo catalogado como arte – pareciera denunciar lo que ocurre con el mercado del arte a través de la historia del personaje Mr. Brainswash.

AL:

Banksy es un colectivo internacional ocupado en realizar obras de panfletarismo facilón, cursi y soft que representan perfectamente el trabajo subvencionado, interesado y políticamente alienado de millones de ONG’s. Es el prototipo del intervencionismo estético. Ese documental no es una denuncia, es una apología, es la invitación a entrar en el sueño americano que comparte el mundo entero: alcanzar la fama sin méritos.

  1. Poniendo el foco en lo geográfico ¿Qué evaluación le merece Latinoamérica? ¿Qué peculiaridad destacarían en la escena contemporánea del continente?

AL:

Destacaría en primer lugar el abandono de la educación artística y de los museos por parte de la mayoría de los gobiernos, y la miserable inversión que han hecho en el área de la cultura.

En cuanto a la escena de continente, creo que los artistas contemporáneos VIP latinoamericanos son una imitación folclórica de los artistas de los países dominantes como USA y Europa. De ellos impresiona cómo se autodefinen “sociales y combativos” mientras se entregan serviles a formas artísticas que los condenan a ser una anécdota lastimera en las exposiciones. Actualmente existe en América Latina una corriente pictórica muy fuerte, con técnica y consistencia artística real, que ha sido enterrada porque los museos se dedican a promover con espíritu snob a los artistas VIP.

  1. Y en esta línea ¿Qué opinión tiene respecto al arte español contemporáneo? En términos generales ¿Qué opinión le merece la obra de artistas como Abraham Lacalle, Miquel Barceló, Luis Gordillo, Rafael Canogar o Chema Madoz?

AL:

El arte español dejó de existir cuando se decidió por la imitación para lograr la apariencia de ser un país de primer mundo y promocionar la marca España. Y en relación a los artistas que menciona, son pintores muy interesantes, contundentes y leales a su obra, con excepción de Chema Madoz que en realidad es un fotógrafo con la poética de la  publicidad, un vacío fabricante de chistes visuales.

  1. Frente esta pérdida del valor del arte ¿Qué podemos hacer los simples mortales?

AL:

Los mortales lo inventamos, nosotros tenemos que resolverlo. La crisis es que no aceptamos la realidad, somos la sociedad del autoengaño y la fe ciega, persiguiendo la felicidad que inventó la publicidad y la sociedad de consumo. Creemos que algo es arte aunque sea literalmente basura. Nos obsesionamos por aparentar lo que no somos en las redes. Aceptamos sin dudar las noticias falsas de internet. Votamos por las mentiras de los gobernantes. Comemos comida procesada y artificial aunque nos haga daño. Nos deformamos con cirugías estéticas. Vivimos en  una cadena de negaciones que nos está destruyendo como individuos y como sociedades.

Hoy decir la verdad es una conducta antisocial. Los invito entonces a ser antisociales, a decir lo que piensan en los museos y  cuestionar los logros del progreso como la libertad indiscriminada, zafia y violenta, que habita en las redes sociales.

La crítica de arte mexicana ha sido acusada de cooptar uno de los pocos territorios imperfectamente libres que aún existen: el de la imaginación, la experimentación y el equívoco; de retrotraer discusiones en torno al arte ya superadas, de desandar caminos trascendidos en la historia del mismo, y de hacer un diagnóstico general y fatalista a partir de prácticas puntuales, como la especulación. Pese a ello y en conocimiento de que la historia del arte ha estado plagada de manipulaciones e intereses, parece legítimo y fundado su cuestionamiento. Convenimos en que las generalizaciones en el análisis siempre son dañinas y odiosas, es innegable que asistimos a un tiempo gobernado por mercados corruptos en la mayoría de los ámbitos.  Que en referencia a lo estrictamente artístico, estamos ante la presencia de una élite de dinámicas endogámicas, preocupada exclusivamente por la discusión académica -que también resulta de restringida participación para minorías intelectuales. Se trata de una élite ocupada en  procurarse placer a sí misma, que ha perdido el diálogo directo con la sociedad para convertirse, de manera petulante, en su voz a través de publicaciones especializadas e ininteligibles a la inmensa mayoría.

Y en este marco, la diatriba iniciada por Lésper en referencia a todo aquello que pretende erigirse “como la expresión de nuestro tiempo” – desde el pódium del arte contemporáneo que a sus ojos luce presuntuoso y elitista- ha  reabierto la discusión de los grandes temas en esta materia,  ha propiciado una nueva revisión de sus principales asuntos reanudando la clásica y eterna dialéctica que ha ocupado por siglos a grandes autores, y ha revivido la hipótesis acerca de la muerte del arte. Polémica ésta que seguimos con especial interés, y de la que esperamos fecundidad suficiente para desenmascarar el uso que presuntamente se hace del arte con propósitos siniestros; para derribar el arquetipo de ese artista cuya exclusiva responsabilidad es la que tiene ante la propia obra, y para demoler la maniquea oposición, típica del pensamiento occidental, empeñada en sostener un enfrentamiento entre lo abstracto y lo figurativo como ejércitos enemigos.

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