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Alemania: La vida se ralentiza por el COVID-19

Lilian Rosales - Mafer González

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Alemania es hoy el cuarto país más afectado por el COVID-19 en el Continente Europeo con 12.327 casos y 28 fallecidos. En un país cuya fortaleza económica está tremendamente vinculada a las exportaciones, se estima que su balanza económica sufra un profundo impacto negativo a consecuencia de la paralización de buena parte de la producción y de sus actividades comerciales.

Temiendo la dramática propagación del coronavirus, y en la línea de muchos países europeos, el gobierno alemán ha tomado severas medidas no solo en torno a la gestión de la epidemia como tal (comenzó a trabajar desde el minuto cero: el 6 de enero), sino en la elaboración de un plan económico de choque para contener sus efectos.

Pese a la acción rápida del ejecutivo para frenar los efectos del COVID-19, la vida de los alemanes se ha visto afectada como en la mayoría de países del Viejo Continente, con la más severa reducción de la vida pública desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.

A circuito estresado, circuito eficiente

Las imágenes de estanterías vacías, de largas colas a las puertas del automercado e inclusive, de quienes se enfrentan por el papel higiénico o por una garrafa de agua parecen el común denominador en diversos países.

No hay distinción de raza, de grupo social ni gentilicio cuando el pánico se apodera de las personas.  Ésta ha sido una ocasión especial para constatarlo por la repercusión “global” de la infección, una especie de laboratorio sociológico que demuestra más similitudes que diferencias a nivel individual frente a la amenaza. Cada cual quiere asegurarse de guardar en reserva todo cuanto considera esencial ante la incertidumbre y el miedo a una catástrofe de mayores dimensiones.

Los alemanes tienen un término acuñado para tal comportamiento «Hamsterkauf», o «compras de hámster». Y aunque en un principio las redes y los medios alemanes dieron fe de esta conducta al mostrar estantes vacíos, actualmente se puede asegurar que no existen interrupciones importantes en el abastecimiento muy a pesar del incremento en la demanda de algunos productos.

El circuito de distribución alemán se ha ajustado de tal suerte, que el aumento de la demanda ha repercutido en igual medida en la reducción de los tiempos de entrega a las tiendas. El incremento en la demanda ha inyectado  presión a todo el sistema, ha estresado al productor, al gran almacén, al depósito del supermercado para que el cliente pueda encontrar el producto en el estante.

Confinamiento sin fútbol

En un país cuyo corazón es futbolero por excelencia, la suspensión – de momento hasta el próximo mes – de la Bundesliga, así como de los partidos de la Liga Federal Alemana de Fútbol (DFH), dibuja un escenario de angustia para los aficionados condenados como buena parte de los ciudadanos europeos a permanecer en casa, y un perjuicio económico tasado en 750 millones de euros en el fútbol germano.

Entre tanto, los clubes de la Bundesliga negocian la reducción de salarios para los futbolistas con la idea de facilitar la viabilidad de los clubes, que sufrirán importantes perjuicios económicos a causa del COVID-19. Y Markus Söder (primer ministro de Baviera) ha invitado a los jugadores a donar parte de su sueldo. El objetivo es que dicha donación pueda servir para ayudar a aquellos clubes y empleados que acarreen problemas económicos por efecto del coronavirus.

Leon Goretzka, internacional del Bayern señaló a este respecto: “El fútbol ha parado y la salud está por encima de todo (…) Por tanto, quiero instaros de manera solidaria a poner vuestro granito de arena y dar ejemplo. Como selección nacional que somos, hemos dado el primer paso (…) Esperamos que muchos de vosotros nos sigáis”. La plantilla de la selección alemana ha donado 2,5 millones a la causa.

«Actualmente se puede asegurar que no existen interrupciones importantes en el abastecimiento muy a pesar del incremento en la demanda de algunos productos»

La vida social se detiene

Como ocurre en Barcelona, Milan o Paris, en las pequeñas poblaciones de Codogno, Reus o Les Contamines-Montjoie, la vida social pareciera detenerse progresivamente en las ciudades alemanas. Se viaja con más holgura en los trenes mientras sus calles y sus espacios públicos se perciben liberados del tránsito. El alcalde de Berlín ha solicitado el cierre de todos los bares.

Muchos de los estados federados han ordenado la suspensión de las clases. Escuelas y guarderías han enviado a los pequeños a casa, y la canciller Angela Merkel el pasado 16 de marzo anunció el cierre de iglesias, mezquitas y en general de los comercios y establecimientos no esenciales, con el fin de restringir el contacto social y frenar la propagación del virus en el país.

La vida cultural también ha puesto un candado. Los teatros han cerrado, los conciertos, eventos y ferias, cancelado o reprogramado sus actividades. Entre ellos la Feria de Música de Fráncfort, la más grande de Europa en su tipo. Las galerías han pospuesto sus actividades. No cabe dudas de que prevalece un verdadero parón en la vida cotidiana.

Y en medio de ese panorama desolador preocupa otro brote, aunque en contadas zonas, el de xenofobia. En aquellos lugares afectados por la pandemia pareciera haber una especial irrupción de la discriminación hacia las personas con características asiáticas, no solamente de nacionalidad china. Durante un partido de la Bundesliga, celebrado en Leipzig, fue expulsado del estadio un grupo de aficionados japoneses.

El turismo y la producción las grandes afectadas

La aerolínea alemana Lufthansa ha reducido sus vuelos en un 50% debido al brote de coronavirus con una incidencia directa en el flujo de personas hacia el país germano. La suspensión de rutas, la paranoia generalizada y las medidas de blindaje de fronteras han incidido de forma sustancial en el sector turístico. El director de la Asociación Alemana de Hoteles y Restaurantes, Guido Zöllick, ha advertido que las consecuencias de la pandemia son realmente graves para este importante sector que ha reportado una fuerte caída de reservas.

Por otra parte, la gran preocupación recae sobre la producción automotriz que se ha visto paralizada consecuencia del cierre de las fábricas de este tipo en China desde enero, ya que muchas piezas eléctricas son importadas. Las ventas de Volkswagen y Daimler han sufrido de la misma manera la llegada de la epidemia.

Foto: DW/ En la Münsterplatz de Bonn, las mesas vacías son una imagen rara en esta primavera.
Foto: DW / En la Münsterplatz de Bonn, las mesas vacías son una imagen rara en esta primavera.

Medidas de soporte. La respuesta del Estado

Previendo los efectos sobre el posible desempleo, el Ejecutivo de Angela Merkel ha señalado que no es tiempo de austeridad y ha trazado un plan que refunda algunas de las medidas económicas aplicadas durante la crisis de 2008.

Así el denominado Kurzabeit, el plan estrella de compensación económica para trabajadores proveniente de fondos públicos, se rescata para financiar hasta el 60% de la pérdida del salario neto desde la agencia de empleo estatal.

Bajo el paraguas de estas medidas se podrán acoger todas las empresas que posean al menos el 10% de su plantilla afectada por un régimen de reducción de jornada laboral.

El Gobierno alemán se compromete a suministrar 12.400 millones de euros para inversiones públicas hasta 2024. Durante tres años consecutivos una partida de 3100 millones/año se destinarán a infraestructuras -entre ellas se contempla la construcción de viviendas sociales- al impulso de la digitalización del país y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Repensar el sistema

No cabe la menor duda de que la ventaja diferencial del gobierno alemán en la contención de la epidemia estriba, en buena medida, en la velocidad de reacción que le hace tan eficiente. Sin embargo, para algunos ciudadanos alemanes la crisis del coronavirus parece poner el dedo en la llaga sobre el enfoque, para ellos “inaceptable” del sistema sanitario del país que niega tratamiento a cientos de miles de personas que no cuentan con seguro de gastos médicos.

Coinciden innumerables voces protagonistas de la pasada crisis de 2008 en el hecho de que, en las situaciones indeseadas avenidas como lo es esta crisis, se aprende mucho y que además, se ha de extraer lo mejor de esa experiencia a modo de ejercicio. Con el espíritu de lucha  del pueblo germano  y  la solidez que caracteriza al Estado, no cabe duda que los ritmos naturales de la economía y la vida en el país  más tarde o más temprano,  se recuperarán. Pero este episodio acaso servirá para repensar Alemania,  repensar también acerca de algunos aspectos indeseables de la globalización y sobre todo, acerca de la controvertida privatización de la Salud Pública.

Reporte en vídeo:  Jörg Metzger Lozano, desde -Düsseldorf- @infoperiodista @prensasinmordaza (Ig)  https://youtu.be/v3n9-F3A2Hg

Fuente: Coronavirus COVID-19 Global Cases by the Center for Systems Science and Engineering (CSSE) at Johns Hopkins University (JHU). (Datos actualizados a las 11:00 hora peninsular del 19 de marzo de 2020)  https://www.arcgis.com/apps/opsdashboard/index.html#/bda7594740fd40299423467b48e9ecf6
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